Botnia: final lógico

Finalmente, ocurrió lo que tenía que ocurrir, ante la intransigencia del gobierno argentino y a pesar de la buena voluntad del rey de España y de su "facilitador". Las calderas de Botnia están en funcionamiento, según lo anunciado y difundido al tiempo en que escribimos este artículo, de acuerdo a la decisión tomada en Santiago de Chile por el Dr. Tabaré Vázquez, en ejercicio de los deberes de su cargo y de la soberanía del país.

Marchas y contramarchas, así como errores de todo tipo y calibre en el manejo del conflicto, por parte de nuestra torpe cancillería, tolerados y amparados por el Presidente de la República, sumados a la mediación de Don Juan Carlos de Borbón, habían postergado la adopción de una resolución que era ineludible, en defensa del interés nacional. Y que no podía ser otra que la que fue.

Es decir, autorizar a la empresa finlandesa a comenzar la producción de celulosa en su planta de Fray Bentos, para lo cual había realizado una inversión de alrededor de mil millones de dólares. La más grande de cuantas se han realizado en nuestro país, desde su independencia.

Siempre pensamos -y alguna vez lo dijimos- que a este inconcebible problema lo iba a arreglar el tiempo, ese gentilhombre cuyo transcurso nos tenía que traer el fin de la construcción de la pastera. A cuyo término, entraría en funcionamiento y no contaminaría, como lo ha reconocido en una correcta declaración la señora Cristina Fernández de Kirchner, mucho más prudente y sensata que su prepotente marido. Para lo que no se precisa mucho.

También expresó la futura presidenta argentina que si la planta contaminara se adoptarían las medidas conducentes a evitarlo. Lo que también es exacto, pues si esa situación harto improbable llegara a darse, el gobierno uruguayo obligaría a su paralización, en cumplimiento de su legislación medioambientalista y en defensa irrenunciable de la salud de su propia población.

Es de esperar que la firmeza sea el común denominador de los pasos que en adelante dé nuestro gobierno, sin perjuicio de no cerrarle la puerta a la mediación de España, si su jefe de Estado insiste en proseguirla. Firmeza que lamentablemente faltó en varias etapas e instancias del diferendo, sobre todo en las iniciales, al punto de resultar comprometida la dignidad nacional.

Fuimos víctimas de una inmotivada agresión, iniciada hace dos años por los piqueteros de Gualeguaychú. Si ésta pudo agravarse y perdurar hasta el presente, fue porque "el señor K", sus Fernández y Taiana, -no aludimos a la esposa del iracundo mandamás- los toleraron y los alentaron a proseguir sus fechorías, en defensa de sus mezquinos intereses electoreros y de las apetencias de los empresarios que financian a quienes cortan el tránsito en los puentes binacionales. Que los había y los hay. En caso contrario, poco habría durado la aparente indignación de los piqueteros, así como su cruzada en contra de una imaginaria agresión a sus aires y aguas.

En fingida defensa de un medio ambiente que a este gobierno argentino le importa un comino -basta recordar lo que es la cloaca del Riachuelo, así como la docena de papeleras de tecnología obsoleta que funcionan en el vecino país-, se llegó a demandarnos ante la Corte de La Haya, a desacatar el fallo del Tribunal Permanente de Asunción y a presionar burdamente al Banco Mundial a fin de que no otorgara el préstamo que igualmente concedió a Botnia.

A todo se apeló. Hasta a exhibir a una entrerriana ligerísima de ropas en la cumbre presidencial de Viena, y a acusarnos una y otra vez de provocaciones inexistentes, como termina de ocurrir, posando de ofendido el gratuito ofensor.

Los perjuicios económicos, por merma del flujo turístico y del comercio binacional, han sido para nuestro país grandes, como es sabido.

Pero el daño mayor ha sido el deterioro de las relaciones entre nuestros países, unidos por vínculos geográficos, históricos y culturales que, más allá de episodios ríspidos y de quebrantos temporarios, que por cierto han existido, están arraigados en el alma de ambos pueblos. Confiamos en que la llegada a la Casa Rosada de la señora Cristina Fernández ponga fin a tan deplorable confrontación y restablezca el normal relacionamiento entre su país y nuestro Uruguay.

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