Sacudir la apatía

Hace casi un mes, en el subte de Barcelona, un joven de 21 años, borracho, atacó duramente a una ecuatoriana de 16 que iba sentada en un vagón. Hace casi una semana se divulgó que la Fiscalía había ordenado la detención del agresor y el fin de semana pasado, un grupo de manifestantes desfiló por las hermosas Ramblas de la ciudad reclamando ante las suaves sanciones que el Juez había aplicado. En los días intermedios, mientras se divulgaban las imágenes del atentado, se escucharon voces de protesta censurando la brutalidad del hecho así como las consecuencias racistas y xenófobas que surgían del mismo. Lo que sigue llamando la atención, por sobre los hechos mismos, es que nadie se haya detenido a analizar la otra grave comprobación que emana de lo ocurrido: mientras la joven era golpeada, nadie se levantó para defenderla y tuvo que ser ella misma, sola, la que abandonara el vagón. Y eso que en frente estaba sentado otro joven y que iban más personas en el tren pero nadie se acercó para impedir que prosiguiera la agresión. ¿Es que no hay catalanes con agallas en Barcelona? ¿Es que no hay españoles en España que reaccionen ante la violencia y salgan en defensa de un prójimo golpeado? Esa es, tal vez, la más triste comprobación que deja el episodio, marcado por la apatía de los unos frente a los otros y el desinterés de los demás por los problemas que los rodean. Lo que no es un hecho aislado. Se ha sostenido que el resultado de las elecciones en Argentina también fue el producto de un desinterés, en ese caso de los electores, pese a que, lo que estaba en juego era nada menos que el futuro de ese gran país. Si eso no puede sacudir una apatía, podrá decirse, con razón, el cuerpo dolorido de una ecuatoriana menos podía sacudir a los pasajeros de un tren. La comparación no es válida. Al menos, no debería serlo para los uruguayos, que no pueden dejarse arrastrar por esa filosofía de la abulia ante hechos que están ocurriendo en el país y los que puedan ocurrir. Que todos deben contribuir a resolver a través de un interés permanente y de una militancia activa, dentro de la ley y en el entorno de cada uno, en defensa de los grandes valores que debe sustentar el país.

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