Al día siguiente

JUAN ORIBE STEMMER

La advertencia a los periodistas del embajador español ante las Naciones Unidas, Juan Antonio Yañez-Barnuevo, bajó al mundo real a quienes hace apenas unos días proclamaban que el diferendo estaba casi resuelto e, incluso, anunciaban los términos del futuro acuerdo.

Al inicio de sus declaraciones Yañez-Barnuevo previno a los periodistas: "no esperen grandes novedades, no habrán espectaculares anuncios". Y agregó: "sólo me encomendaron decirles que se realizó una nueva reunión de buenos oficios, que estoy promoviendo en nombre del rey de España" y que la misma se había desarrollado "dentro de un ambiente cordial y de ánimo positivo por ambas partes". Estas le habían pedido "que continuemos y vamos a seguir trabajando, continuaremos con la labor".

Las relaciones entre los Estados se rigen por principios, normas, procedimientos y, sobre todo, tiempos muy diferentes a los de la política interior de los países.

Los valores que se deben proteger no son los mismos e incluyen la soberanía exclusiva de cada Estado dentro de su territorio, la igualdad soberana de los Estados y el principio de no intervención en los asuntos internos.

Por esos motivos, la conducta de la política exterior debería residir en los diplomáticos especializados en tales lides y avanzar, mientras sea necesario y hasta el momento oportuno, bajo un manto de discreción y reserva.

Traducido al castellano corriente, el mensaje del embajador parecería ser que: a) las dos partes desean continuar con el proceso de acercamiento auspiciado por Madrid (el embajador señaló que "existe una buena disposición para un diálogo continuado"); b) sin embargo, todavía no se ha entrado en la etapa de conversaciones directas; c) persisten diferencias de opinión importantes (Yañez-Barnuevo aludió a los cuatro "grupos de cuestiones sobre las cuales versaría el diálogo" acordados en Madrid); d) existe un buen ánimo para encontrar la manera de afrontarlos y convenir en un camino que conduzca a la solución; y e) no existe certeza sobre cuando habrá de llegarse a un acuerdo.

En lo que se refiere a este último aspecto, cuando se le mencionó la posibilidad de que se llegara a anunciar un acuerdo en la Cumbre iberoamericana de noviembre, el facilitador respondió: "no hay fechas, lo importante es seguir trabajando, nada de tiempos". En otros términos, la solución no solamente debe ser buena sino que, además, tiene que ser oportuna. Entonces, es un error, y puede llegar a ser contraproducente, intentar apresurar el proceso.

La circunstancia de que las conversaciones continúen ya es un progreso.

Al mismo tiempo, los tiempos de esta negociación tienen la consecuencia de aproximar a los dos países, cada vez más, a la decisión de la Corte Internacional de Justicia.

Por un lado, esta es una buena solución -el tribunal internacional emitirá un opinión objetiva, neutral y obligatoria, sobre la base del Derecho internacional. Por el otro, apareja dos consecuencias menos positivas. Primero, introduce un elemento de incertidumbre (¿quien puede estar totalmente seguro del contenido de la decisión de la Corte?) y, segundo, la Corte puede no llegar a tener en cuenta aspectos particulares que los dos Estados podrían tener en consideración en un acuerdo bilateral.

Lo que nos recuerda un saludable y viejo aforismo forense: muchas veces un mal acuerdo puedr ser mejor que un buen pleito.

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