Comparaciones odiosas

JUAN ORIBE STEMMER

Al contrario de lo que suele pensarse, la extensión territorial o el tamaño de la población no son, por sí mismas, suficientes para asegurar un alto nivel de desarrollo humano.

El Uruguay optó por el modelo de televisión digital europeo (Digital Video Broadcasting o DVB), resolviendo, de esta forma, seguir su propio camino en esta materia. El Brasil, actuando como nuestro país, según sus propias prioridades e intereses, eligió el modelo japonés (conocido por la sigla ISDBT). Detrás de esas decisiones existen complejos aspectos tecnológicos y económicos.

Sin embargo, lo que nos interesa es lo que dijo el ministro de Comunicaciones de Brasil sobre la decisión uruguaya. Opinó que "era más o menos como si una pequeña ciudad del interior del Estado de San Pablo decidiera hacer una experiencia con otro proyecto. Nuestro proyecto es tan grande y tan completo que eso no hace mucha diferencia". No conforme con el comentario, agregó que no le preocupaba si Argentina y Chile elegían el modelo europeo en lugar del japonés y proclamó que Brasil tenía "la mayor población de América del Sur". Esas afirmaciones nos traen al tema del tamaño de los países, de su población y de su importancia.

Por algún motivo tendemos a asociar extensión territorial o tamaño de la población con calidad de vida. Pero, un examen mesurado demuestra una realidad muy diferente. Los países pequeños tienen una cantidad de ventajas. Incluso podríamos sostener que, en este caso, lo pequeño es mejor.

Entenderemos por "pequeños" a países con un territorio similar o menor al nuestro y con una población de hasta 10 millones de habitantes. Verdaderos pigmeos al lado del Brasil (181 millones de habitantes en el año 2003), los Estados Unidos (292 millones), la India (1.070 millones) o China (1.300 millones).

Todas las comparaciones son odiosas. Y algunas lo son más que otras. Por ejemplo, se ha señalado que el PBI brasileño es apenas comparable con el del Estado de Nueva York, el cual, a su vez, es más pequeño que el de California o Texas. Pero, en última instancia lo que vale es la calidad de vida de los habitantes. Tanto por lo que ello importa para las personas como por el hecho de que esa calidad de vida es el producto de otros factores, como el desarrollo económico, nivel cultural, servicios de salud, organización política, valores predominantes, etc. En esta materia, el Índice de Desarrollo Humano elaborado por el PNUD suministra una indicación muy útil. El Índice consiste en una lista donde figuran todos los países ordenados de acuerdo a un puntaje que condensa los valores correspondientes a un amplio conjunto de indicadores demográficos, económicos y sociales.

La edición de 2005 revela que de los veinte países mejor situados en el ranking, una decena tienen una población de menos de 10 millones. Incluyendo Noruega, que ocupa el primer lugar en el ranking (4,6 millones de habitantes), Islandia en el segundo lugar (300.000 habitantes), Suecia (10 millones), Suiza (7,2 millones), Irlanda (4 millones), Dinamarca (5,4 millones), Finlandia (5,2 millones) y Nueva Zelanda (3,9 millones). Para dar un ejemplo de lo que ello significa: el PBI por habitante de Nueva Zelanda (lugar 19 de la lista) fue de 22.582 dólares en el año 2003. El PBI por habitante de nuestro país (en el lugar 46 del ranking) fue de 8.280 dólares y el del Brasil (en el sitio 63) fue de 7.790 dólares.

No vendría mal un poco más de modestia.

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