EDWARD PIÑÓN
Un pie, dos manos y muchas gargantas, por eso ganó Nacional. Poca cabeza, demasiados centros sin buen destino y muchas pelotas perdidas, por eso sufrió hasta el minuto 83 para vulnerar a un Miramar Misiones que se sumó a la larga lista de equipos que se las ingenian para complicar a los tricolores.
Al bolso se le venía la noche y un mar de problemas, pero lo salvó el zapatazo de izquierda del argentino Juan Pablo Pereyra. El remate al ángulo calentó el alma tricolor y convirtió en ídolo al "Tigre", porque fue la segunda mejor señal que la hinchada recibió desde la cancha.
La primera, con la que se impidió que se desatara una tormenta en las tribunas, llegó con las manos de Alexis Viera.
Si de héroes se trata, el arquero llegó otra vez a ese sitial al impedir que el penal que Siegler sancionó a instancia del línea Sacarelo (pareció que el juez iba a cobrar la falta fuera del área) terminara en gol. Adivinó la intención de Larrosa y el cero se mantuvo en el arco del bolso.
Y esa jugada, al igual que la del minuto 83, cuando la red de Frascarelli casi revienta del taponazo de Pereyra, se convirtió en decisiva y clave para evitar que el elenco de Daniel Carreño siguiera perdiendo puntos en el Torneo Apertura.
La lectura del partido es simple. Frascarelli tuvo que volar una sola vez para sacar un remate con destino de gol, fue cuando probó Perrone en el primer tiempo. Antes una pelota que no conectó en el área el zaguero Deivis Barone y después de ello el bombazo de Pereyra. El resto, juego sin peso, casi intrascendente, muy anunciado.
Es verdad que Miramar Misiones defendió bien, que se agrupó con inteligencia, pero también es cierto que Nacional dejó que el partido fuera transcurriendo sin mostrar inteligencia para buscar los mecanismos que le permitieran convertirse en el triunfador.
Tuvo más la pelota que en partidos anteriores, pero también la regaló con enorme facilidad, mayoritariamente por la falta de maniobra de "OJ", por las dificultades que tuvo el "Chengue" para acomodarse en la cancha, por la tozudez de muchos de tirar balones al área desde cualquier parte.
Y ojo, si Miramar no lo complicó más por medio del contragolpe fue porque en el fondo el tricolor se paró bien. Especialmente Victorino y Viana, cerrando y cortando los avances de unos futbolistas que amagaron con destruir todo por medio de la velocidad.
Ese quizás fue el mejor repunte. Porque en el otro, hubo muchas fallas. Y eso que Lodeiro se movió más y pidió mucho la pelota. Que el equipo se plantó con un esquema más al estilo Nacional, con tres delanteros y un volante de armado. Y hasta que procuró encerrar a los cebritas en la cancha. Pese a todo eso a Nacional le sigue faltando la fuerza demoledora.
Ayer lo salvó el zapatazo de Pereyra, las manos de Viera y las gargantas de los hinchas que no dejaron de alentar.