Déborah Friedmann
-Hace 20 o 30 años, al menos en Uruguay, la tendencia era que cuando un niño le decía a un adulto que era abusado, no le creían e intentaban ocultarlo. ¿Eso continúa siendo igual o se modificó?
-Lo que cambió fundamentalmente es la noción de la fatalidad. Hace 20 o 30 años si un niño era abusado se estimaba que era un desborde de un adulto y se convenía en que era prácticamente una manifestación del comportamiento fatal. Había una especie de manera de conformarse, de dejar la situación en casa y también de incitar al niño a que soportara esta humillación. El que abusaba era criticado pero sin que se concibiera que tenía que pagar eso con la cárcel. Ahora la noción de la fatalidad ha cambiado y entonces lo que prevalece es que el abuso es inadmisible, inaceptable. La sociedad entera quiere proteger a los niños, afirma que tal comportamiento es inaceptable y que debe ser castigado.
-En los últimos tiempos hubo aquí casos de pornografía y prostitución infantil donde los padres sabían lo que sucedía e incluso los incentivaban. ¿Cómo observa eso?
-Existe un tipo de conceptualización en los abusos sexuales. Unos son abusadores aparentemente no peligrosos, que se definen como amando al niño, abnegados, a veces casi asexuales. Pueden ser maestros, curas, el buen tío a quien se le confía el niño para que lo cuide a la noche. Este perfil del abusador es alguien que no le quiere hacer mal al niño, pero lo abusa. Y lo abusa de una manera más bien dulce, lo engaña, lo hace participar, como de una especie de juego. Otro tipo es el que tiene un perfil mucho más violento, agresivo, sexuado, que pueden tener 10 o 15 abusos sexuales en una escuela o una colonia. Estos prostituyen a los niños o a los jóvenes. En este perfil de abusadores se encuentran todo este tipo de aberraciones que usted mencionaba: prostitución, pornografía, drogas, que los niños cometan actos sexuales entre ellos. Las razones son de una ausencia de discriminación psíquica y afectiva entre lo que es la identidad del niño y lo que es la identidad del adulto. El niño se convierte en un objeto que está destinado a producir satisfacción en el adulto. Los dos son peligrosos y dejan secuelas.
-¿Qué secuelas?
- La persona que ha sido víctima de abuso sexual tiene un peso suplementario en su vida, comparativamente con otras personas que no lo han vivido.
-¿Cuáles son esas secuelas en particular?
- En el primer caso (abuso no violento) queda una erotización, una dificultad de establecer una relación, el niño queda atrapado bastante tiempo en una especie de pacto secreto con el abusador. En algunos casos se denuncian, en otros pasan 10 años o 15 años donde una persona nunca confesó los abusos sexuales. Y puede manifestarse en trastornos psíquicos: dificultades para establecer relaciones más tarde sexuales y de pareja.
-¿Y las víctimas del abusador violento, qué consecuencias tienen?
-Con el abusador violento se producen trastornos en la identidad sexual y muchas veces se produce como una especie de ruptura de los límites. Estos niños o jóvenes se vuelven mucho más agresivos con la sexualidad. A veces la utilizan también como un arma. La frecuencia de evolución hacia la prostitución o hacia la promiscuidad sexual es mucho más frecuente en este tipo de sufrimientos que en el otro.
-En Uruguay hubo un aumento de denuncias de violencia doméstica y abuso que los expertos atribuyen a que más gente se atreve a hacerlo. ¿Es una tendencia mundial?
-Sí, es internacional, pero al mismo tiempo hay fallas muy importantes en la integralización de la ley. Cada vez más se crea una cultura de protección social y de denuncia a este tipo de aberraciones; pero al mismo tiempo hay miles y miles de individuos que entran a una vida social teniendo defectos muy grandes del conocimiento y de la aceptación de la ley, de lo prohibido y lo permitido. El conocimiento de la ley es muy defectuoso y por eso cada uno cree que puede hacer su propia ley, que él mismo es la ley, que él establece la ley al interior de la casa, que él puede decidir de qué manera va a actuar. Entonces, el fenómeno de la violencia se reproduce.
-¿A qué responde?
-Es una cuestión de incongruencia del sistema educativo. En las familias también se olvida enseñar la ley. Y los individuos pueden creer que la fabrican según su gusto y su poder.
-¿Qué riesgos trae eso?
- Estamos en las últimas etapas en las que hay posibilidades de prevenir la violencia antes que la sociedad se vuelva, de una manera global, mucho más violenta. Yo llamaría la atención a los poderes públicos, al sistema educativo, sobre la necesidad de introducir la enseñanza de la noción de la ley, una educación que toque a todos, adultos y niños, sobre las reglas de la convivencia. Si no lo hacemos ahora va a ser demasiado tarde.
Perfil
Nombre: Reynaldo Perrone
Nació: En Rosario, Argentina
Reside: Desde hace 35 años en Lyon
Edad: 67 años
Profesión: Psiquiatra, especialista en violencia.
Experto en abuso
Cuando no está en Lyon, Perrone viaja por el mundo. Es director del Instituto de Formación y Aplicación de Técnicas de Comunicación de Lyon y además profesor de distintos centros de formación de terapia de pareja y de abuso sexual en Francia, España, Suiza, Bélgica, Líbano, Argentina y Uruguay. En los últimos días estuvo en Uruguay y presentó el viernes pasado en la Universidad Católica su libro "Violencia y abusos sexuales en la familia", que estará en las librerías en los próximos días.
Además, dictó dos seminarios en la Facultad de Psicología de la Universidad Católica.