Familias en situación de calle tienen temor de ir a los refugios

Justicia. Hoy falla sobre demanda de fiscal para que se recoja a los niños

LAURA LOMANDO

Los niños se esconden, piensan que viene la camioneta del "Iname". Pero el vehículo no viene a llevárselos, sino a convencer a sus padres de que, pasar la noche en un refugio, es mejor que soportar la crudeza de calle.

La primera parada: la parte trasera del Cementerio del Buceo. Allí vive Marina, de 47 años, con tres de sus siete hijos, de entre seis y doce años. Los educadores del Inau y el Mides ya la conocen, la saludan, y una vez más intentan convencerla de que abandone la calle y que vaya a un refugio. "Ellos (los educadores) han venido varias veces, nos han dado sopa caliente, leche, ropa, y nosotros llegamos a ir a un refugio, pero al otro día nos fuimos porque mis hijos tenían miedo y porque no están acostumbrados a estar encerrados", asegura Mariana.

Su caso es uno de los tantos con los que lidia, cada noche, el equipo del Inau y el Mides que sale a convencer a las familias que acepten ir a un refugio.

El País participó ayer de una de estas recorridas, invitado por el Inau. El organismo pretende demostrar que salir a "levantar" niños no es tan fácil como parece dado que hoy se expide la Justicia sobre el recurso de amparo que presentó el fiscal Enrique Viana, que reclama al Inau que detecte e interne a todos los niños que están en situación de calle.

Miguel Cáceres, educador del Inau, explicó a El País que tienen una lista de 400 personas, a quienes visitan regularmente para convencerlos sobre los beneficios de ir a un refugio. "Intentamos persuadirlos, pero la persuasión tiene todo un proceso. Cada vez que venimos, elevamos un informe. Nadie quiere sacarle los niños a Marina, pero estamos negociando con ella para ver qué podes hacer", dice este funcionario.

Cáceres explica que los casos no son fáciles, ya que "no se trata de salir a levantar niños así nomás, más aún, cuando la mayoría de los gurises están con sus padres".

Segunda parada: una carpa del Parque Batlle. Allí viven dos familias muy jóvenes con cinco niños. Los educadores también los conocen, se saludan, y enseguida se ponen al tanto de lo que pasó en el tiempo que no se vieron. En ese ida y vuelta se enteran que Leticia, una de las mujeres que vive en la carpa, perdió su embarazo y que a su marido lo van operar hoy. La educadora del Mides, Lía Fernández, no duda un segundo, y le ofrece ir a un refugio mientras su marido esté ausente. Leticia primero se niega, pero después acceder a conversarlo, y hasta ayer todo parecía indicar que aceptaría ir.

Hasta hace poco, la joven estaba en un refugio de Florida, pero decidió marcharse porque en el lugar no había espacio para su pareja. Para que no desista de su nueva intención, Lía le explica: "En un principio, vos podés ir a uno, y tu marido a otro, y después, cuando haya lugares disponibles los ponemos a los dos juntos". Leticia entiende el planteo y luego de estar un rato analizando alternativas, acepta pensar la propuesta. No obstante, aclara que no está dispuesta aceptar que su hijo, de menos de dos años, vaya solo a un hogar del Inau. "Yo me crié en el Iname y sé lo que es, y ni a palo acepto que mi hijo vaya a parar al Iname".

desconfianza. Tanto los hogares del Inau, como los refugios del Mides generan desconfianza en las familias en situación de calle. Los temores, en muchos casos, se fundamentan en malas experiencias. Yeila, la otra mujer que vive en la carpa de Parque Batlle junto a sus cuatro hijos, cuenta a El País: "Yo estuve en un refugio, pero me fui porque nos robaban todo, la leche en polvo de los chiquilines y hasta los medicamentos de mi hija mayor que es asmática". Para Yeila vivir en la calle les evita estos problemas. Lo mismo sostiene su marido, quien hace poco abandonó el Comcar y hoy trabaja como cuidacoches. Al igual que Leticia, Yeila se niega a que sus hijos puedan ir a un hogar del Inau y asegura: "Si me los quieren sacar, me van a tener que matar".

Niños rehenes de la decisión de los adultos

Los educadores del Inau y el Mides aseguran que convencer a las personas que están en situación de calle implica un proceso. "Lo que hacemos es venir muchas veces a visitarlos y empezar a convencerlos de que acepten ingresar a un refugio", asegura Lía Fernández, del Programa de Atención a los sin Techo del Mides. La educadora también aclaró que "el proceso nunca es por la fuerza". Respecto a la posibilidad de recoger sólo a los niños y dejar a los mayores, la educadora indicó que "lo ideal, es que los chicos no estén solos en un hogar sino que puedan ingresar junto a toda su familia". No obstante reconoció que, muchas veces, la voluntad de los mayores deja de rehén a los más chicos.

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