Se marchitó el gobierno

JAVIER GARCÍA

Menos de 5.000 personas votaron en las elecciones de los Comités de Base del Frente Amplio el pasado 25 de agosto. De estos el 40% de los votos provinieron del exterior, unos 2.000. En resumidas cuentas, en Uruguay apenas 3.000 militantes se acercaron a los menguados comités de la coalición para elegir autoridades de ese partido.

Tres meses antes, el 12 de mayo, se realizaron las elecciones de la juventud en el Partido Nacional. Aquí, a diferencia del FA en sus comicios, votaron sólo quienes tenían entre 14 y 29 años, mientras que la frentista era una elección general. Aún siendo una elección acotada a esas edades, las diferencias son abismales: 54.000 jóvenes blancos superaron en más de diez veces la elección frentista, sin desagregar a quienes votaron desde fuera de fronteras, si no serían 18 veces más.

La coalición gubernamental construyó una mística muy poderosa durante treinta años. Su fortaleza fue la movilización que llevaba adelante con gran eficacia desde sus sectores políticos, pero también desde los sindicatos que complementaban una cultura militante. Su energía era movilizar, pero también oponer estilos con los demás partidos señalándoles que su característica era la "participación".

Pero la primavera no resistió el ejercicio de gobierno. La esperanza que construyeron donde se proclamaba que se ejercería casi que una democracia directa en consulta permanente con la gente, con jerarcas que recorrerían los barrios, pueblos y ciudades consultando a los vecinos, desparramando revolución y justicia, se marchitó.

Los militantes frentistas para ver a sus dirigentes deben recurrir a las páginas de sociales de las revistas o esperarlos en las puertas de las recepciones diplomáticas, porque por los barrios hace años que no aparecen.

El ejercicio de gobierno significó la llegada y la recompensa por tantos años de militancia para la generación que en 1971 fundó al Frente Amplio, siendo ya adulta. Repartieron cargos entre aquellos dirigentes como reconocimiento por su decisión de entonces y por eso hoy ministros y jerarcas son los mismos que ya integraban los cuadros hace 35 años atrás.

Una fuerza que efectivamente convocó a miles de jóvenes en la pasada elección armó su gobierno sin estos y sin la frescura de las generaciones nuevas. Allí está el Consejo de Ministros que suma muchos años, como prueba.

Estas cosas se reflejan en la gente. El FA está desmovilizado y perdió su mística. Es un gobierno que no entusiasma, obviamente, a los ajenos pero tampoco a los propios.

Apenas un puñado de militantes fue en un luminoso y soleado 25 de agosto a un comité a votar. Frente a esto, filas de muchachas y muchachos esperaban en los circuitos durante un buen tiempo para elegir una de las 431 listas que los jóvenes blancos presentaron en su elección. El próximo sábado instalarán su Congreso y elegirán sus autoridades, pero además ya empezaron a debatir, sin tutorías, sus temas. Nos van a exigir, como nosotros exigíamos a quienes nos dirigían cuando integrábamos la juventud.

El FA no preparó a su gente para el gobierno sino para la oposición permanente y por eso hoy muchos se sienten defraudados. Se creyó que alcanzaba con no usar corbata para marcar una diferencia ideológica que los hacía mejores y más populares.

Pero gobernar es más complejo que vestirse y el gobierno se ha quedado sin programa y sin mística.

Es la diferencia entre 5.000 y 54.000.

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