BUENOS AIRES LA NACIÓN/GDA
La mayoría de grupos piqueteros argentinos abandonaron la estrategia del corte. Algunos se aliaron al gobierno y otros mantienen su oposición pero desde lo gremial o político ante el convencimiento de que la idea del piquete "está agotada".
De hecho, en poco tiempo, ser piquetero en Argentina tal vez parezca una antigüedad. Debilitadas y divididas, sin el poder de otros tiempos, buena parte de las agrupaciones sociales ya no serán las que fueron. La transformación está en marcha. El resultado de una meditada estrategia: cambiar para no desaparecer.
Hoy, la mayoría de los grupos piqueteros no se presentan como un conjunto de desocupados. Ampliaron filas. Y seducen a obreros, disputan delegados sindicales de base, acompañan protestas barriales, presentan proyectos laborales y emprendimientos productivos, y hasta hacen reclamos ambientales.
De hecho, algunas viejas agrupaciones de piqueteros apoyan los cortes en la frontera uruguaya, aunque allí el "enemigo" es externo en un piquete que es jalonado principalmente por la Asamblea Ambiental.
Para los piqueteros de la capital, sin embargo, el recambio es inevitable. En los últimos tres años, el Gobierno captó a muchos de sus pares, avanzó sobre sus reivindicaciones y, de la mano de la reactivación económica, influyó en las fracturas internas.
Agosto de 2005 fue la última vez que una unión clara de fuerzas sociales pudo poner en aprietos al presidente Néstor Kirchner en uno de sus flancos sensibles: la reacción frente a la protesta callejera.
Después de las elecciones de aquel año, se redujeron drásticamente los planes comunes de lucha. Tanto, que se desdibujó el liderazgo piquetero: en sólo seis meses, el promedio mensual de cortes de rutas y de calles bajó a la mitad. Comenzaba lo que muchos denominaron "el repliegue táctico".
Era, en realidad, el comienzo de un nuevo ejercicio político. Un proceso inédito que implicaba adecuar viejos pergaminos para atraer nuevos integrantes, ganar otros espacios y evitar el éxodo. Un proceso que hoy, admiten, tiene nombre propio: "reconversión interna".
"Nos replegamos para replantear la lucha", confesó Néstor Pitrola, líder del Polo Obrero. Admite lo que considera insoslayable: "Los piqueteros ya no somos el centro político. Necesitamos extender frentes".
Otros grupos, apartidarios y combativos, también cambiaron. Juan Cruz Daffunchio, líder del Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón, habla de autocríticas. Se grupo original se ha partido en cuatro. Para él, esas fracturas y "el abuso" de los cortes son los motivos reales del "agotamiento" de los grupos piqueteros.
"Ahora hay que crear nuevas estrategias", dice Daffunchio. Una de ellas es "sumar otros sectores, volver a los barrios" y utilizar "cuidadosamente" los cortes: "Hay que protestar y hay que convivir".
Cada uno de los líderes piqueteros opositores sabe que los planes sociales ya no aseguran poder, e intentan redefinir roles, con los cuales recuperar o consolidar espacios de poder que empiezan a ser esquivos.
La CCC apoya corte de Gualeguaychú
Buenos Aires
La Corriente Clasista y Combativa (CCC), que comanda Juan Carlos Alderete, también abandonó los cortes sistemáticos. "Ya no los usamos, porque cambió el escenario político", señala Alderete.
De hecho, al líder piquetero hoy lo desvela otra cuestión inmediata, que considera urgente: "Demostrar que la CCC es más que una agrupación que corta rutas".
Alderete sabe que es una deuda pendiente que debe saldar. "El gran desafío que todavía no cumplimos", repite.
No es casual. Hace tiempo, la agrupación que lidera tiene variados intereses políticos e intenta generar poder en diversas estructuras sociales. Sólo cuatro ejemplos: la CCC participa activamente en la asamblea ambiental de Gualeguaychú, acompaña protestas de campesinos, conduce un buen número de cooperativas en todo el país y tiene representación sindical en varias provincias.
"Hemos retomado la representación obrera", cuenta el dirigente que inició su carrera en los años 70, justamente, como delegado gremial en la industria lechera. LA NACION/GDA
Castells también cambió
Raúl Castells también se transformó. Con un estilo personalista y siempre a prudente distancia de otras agrupaciones de piqueteros, el líder del Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados (MIJD) se lanzó como candidato a presidente para los comicios de octubre próximo.
"Quiero ser la continuidad de Evo Morales [presidente de Bolivia] y de Hugo Chávez [mandatario de Venezuela] en la Argentina", repite Castells, convencido.
Su cambio empezó hace rato: cuestiona los piquetes sistemáticos, reivindica protestas ambientales, acompaña reclamos contra la inseguridad, impide desalojos y aprovecha siempre, sin dudarlo, cámaras y micrófonos.
Cuando a su esposa, Nina Pelozo, le ofrecieron participar en el exitoso "Bailando por un sueño", en el programa ShowMatch , que conduce Marcelo Tinelli por Canal 13, la avaló de inmediato.