JORGE SAVIA / DANIEL ROSA
Afuera Ronaldinho, Kaká y Ronaldo, por haberle solicitado al técnico Dunga que les permitiera tomarse la licencia tras la temporada del fútbol europeo y de ese modo tener un más que necesario descanso, y en la misma situación -aunque por "jubilación" de la selección- Cafú y Roberto Carlos, podría parecer que este equipo de Brasil que va a enfrentar esta noche Uruguay por las semifinales de la Copa América -sacando a Robinho, claro- es poco menos que "de cuarta".
No es así, sin embargo. Se podrá decir sí, que no está integrado por jugadores con historia, con fama, y menos aún con gloria insuflándoles grandeza entre pecho y espalda. También -resulta estadísticamente innegable- que en materia de partidos de selección ninguno de ellos tiene una gran experiencia acumulada, al extremo de que entre los 11 titulares suman 209 encuentros jugados, que son bastantes menos que los 390 que tienen encima los 11 uruguayos; pero igual surge otro dato que es imposible pasar por alto: todos los futbolistas que pondrá Dunga hoy en la cancha del Estadio José "Pachencho" Romero de Maracaibo, juegan en equipos del extranjero, lo que documenta que, aún a la inmensa sombra de los "históricos" como Cafú y Roberto Carlos, y del brillo de las máximas estrellas actuales como Ronaldinho, Kaká y Ronaldo, los que pone Dunga hoy son jugadores experimentados y "hechos" a instancias como las de la presente jornada.
Seguramente, incluso, se trata de futbolistas que tienen una actividad más continuada, por ejemplo, que Carini, Cristian Rodríguez, Recoba y Darío Rodríguez, algunos de los cuales ni siquiera alternan, mientras otros lo hacen de tanto en tanto.
Si acaso, entonces, a esta selección de Dunga se le podría distinguir, parafraseando aquella definición de "jogo bonito" por el estilo de fútbol que ha sido la grifa que llevan en el orillo los equipos brasileños desde la mitad del siglo pasado, el Brasil del "jogo novito (nuevito)". Por la trayectoria de sus futbolistas, pero también por la línea de juego que le ha impuesto Dunga, que lejos de ser partidario del fútbol-espectáculo que caracterizó a selecciones "verdeamarelhas" como las del 58, 62, 70, 82 y 86, dirigidas por el "Gordo" Feola -técnico del legendario Santos de Pelé y Coutinho-, Zagalo y Telé Santana, es muchísimo más afín a la escuela de los esquemáticos Claudio Coutinho, que dirigió al "scratch" en el Mundial del 78, Sebastiao Lazaroni, que lo hizo en el 90 en Italia, Luiz Felipe Scolari, que fue en conductor en Japón y Corea 2002, y Carlos Alberto Parreira, que estuvo al frente en 1994, en Estados Unidos, y en 2006, en Alemania.
Para todos ellos, como para Dunga, lo primero es el resultado. Hay que ganar. El que quiera espectáculo, "que vaya a un circo", como decía el Prof. José Ricardo De León hace casi 40 años.
En esa está, entonces, este "nuevo Brasil" con el que hoy se encontrará el Uruguay del maestro Tabárez: un equipo pragmático, formado por jugadores con suficiente roce internacional a nivel de clubes, que aunque cerca en el tiempo, está muy lejos del último que -muy apartado de sus convicciones de técnico esquemático, de poner el conjunto y el juego colectivo por delante y encima de las individualidades- armó, hasta "morir con las botas puestas", Carlos Alberto Parreira en Alemania.
Es decir, acá no hay "cuadrado mágico", con Kaká, Ronaldinho, Adriano y Ronaldo, donde ninguno marcaba y los pobres Emerson y Zé Roberto tenían -y no podían- que "bancar" todo en el mediocampo. Este Brasil tiene gente cotizada en Holanda, Portugal, Italia, Inglaterra, Francia y Bulgaria, pero si hay que pegar, pega; y si hay que tirarla para donde venga, la tira para cualquier lado.
Los once titulares de hoy ante Uruguay juegan en el extranjero, pero no tienen una gran fama.