Enfoque
Dos cazadores furtivos del gol se enfrentan: Forlán y Robinho
EDWARD PIÑÓN
No tienen mucho en común, quizás lo único que pueda identificarlos es su inclaudicable búsqueda del arco rival, pero es notorio que lo hacen por medio de mecanismos diferentes. Pese a ello, uno y otro se convierten en el punto de referencia del equipo rival, porque los del fondo saben que un descuido o una distracción puede llevarlos a ser protagonistas de la acción más triste del fútbol: la de tener que ir a buscar la pelota dentro de su arco.
Diego Forlán es puro gol y trata de llegar al arco con mayor explosión, con más fuerza y velocidad. Robinho es más poeta con la pelota, quiere fantasía y dejar una huella en la cancha.
A Forlán se le abrió el arco recién en los cuartos de final contra Venezuela, único partido, por otra parte, en el que se le vio con esa vocación de "verdugo implacable" porque se movió con "sed de gol" por todo el frente del ataque y además de haber convertido dos goles tuvo tres oportunidades muy claras más.
A Robinho, el máximo artillero de la Copa, le está saliendo todo casi desde el comienzo, incluso con más potencia goleadora que la que suele exhibir en Real Madrid. El brasileño suele fabricarse más las jugadas para convertir, aunque en este campeonato lo han asistido con frecuencia y bien. Al uruguayo le es indispensable que sus compañeros le hagan el juego, especialmente porque en esta Copa América no le ha salido esa acción en la que encara en diagonal y remata con potencia desde lejos.
Forlán-Robinho, un duelo de delanteros de clase, de peso, que es el preámbulo del que mantendrán por la conquista de Madrid ahora que el uruguayo se va al Atlético. Lo único que tienen en común es que son cazadores furtivos.
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