Viaje. Diez horas de sufrimiento por culpa del aire acondicionado
Al borde del congelamiento
MARACAIBO ENVIADO
Bufandas y gorros de lana. Frazadas -o cobijas como le dicen acá- gruesas. Camperas de todo tipo y color. Así subieron al ómnibus de la empresa Expreso los Llanos los venezolanos que tenían como destino Maracaibo.
Afuera un día de lluvia (cuándo no en San Cristóbal lloviendo) y en el punto terminal habían 32 grados. Las caras de los enviados de Ovación, obviamente, fueron de sorpresa. "¿A estos qué les pasa?", fue la primera pregunta natural. Dos minutos más tarde, cuando la unidad emprendió la marcha en la búsqueda del destino final el mundo de hielo se instaló en la unidad de transporte. Insoportablemente frío.
Los gritos de protesta brotaron en forma inmediata y el chofer tomó los reclamos como si fuera una broma. Adujo que era imposible reducir la intensidad del frío porque lo único que podía hacer era apagar el aire acondicionado, lo que no iba a suceder.
La nariz, los dedos de las manos, las piernas, todo congelado. Pero congelado en serio. Nuevo reclamo, cara mala o de sufrimiento y llegó un cambio de asiento, al menos para quien esto escribe. "Arriba hace menos frío", dijo el chofer de la unidad de dos pisos. Tenía razón, en lugar de 10 grados bajo cero, la sensación térmica era de 5.
Cruel. Un tormento. Un sufrimiento que duró diez horas.
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