SAN CRISTÓBAL | EDWARD PIÑÓN
¡Al fin! Apareció lo que se prometía. Uruguay fue el Uruguay que se esperaba. Sólido en el fondo. Fuerte en el medio. Veloz y potente en ataque. Hubo juego de equipo, hubo individualidades espectaculares y con la camiseta celeste empapada de transpiración se logró, una vez más, meterse entre los mejores cuatro del continente.
Uruguay copó a Venezuela, enmudeció al Pueblo Nuevo y jugó como realmente puede. Con dos aspiradoras que limpiaron todo el mediocampo, con tres murallas en el fondo, con dos volantes que jugaron con el turbo fuera de borda y con delanteros crueles y mortíferos. Fue la celeste que se esperaba, la que se había visto en los amistosos. Fue pesto, baile. Goleada 4-1 y venganza de lo que había pasado en el Estadio Centenario, cuando por las Eliminatorias la "vinotinto" nos aplicó un 3-0 histórico.
El dominio fue total y abrumador. Debió terminar con esa diferencia en la primera mitad, pero no sucedió por no embocarle al arco, por no poner bien el pie a la hora de rematar, por no ajustar la mira cuando se generaron no menos de cinco oportunidades para convertir y por una barrera que se abrió para dejarle la brecha a Juan Arango. Uruguay no pudo llevarse los primeros 45 minutos de juego con esa diferencia de tres goles que logró al final, pero hizo méritos para conseguirlo.
La celeste tuvo un arranque feroz. Se devoró al dueño de casa en la mitad de la cancha, con una presión casi asesina y con dos máquinas de robar pelota en el centro del campo: Pablo García y Diego Pérez.
Desde ese punto, Uruguay copó todo y salió con velocidad por las bandas. Allí Jorge Fucile, Maximiliano Pereira y Cristian Rodríguez fueron clave para realizar una generación de juego que posibilitó que el equipo ganara los espacios y quedara en posición de gol.
Falló Diego Forlán tres veces, se equivocó el "Cebolla" por no pasar antes la pelota, algo similar hizo el "Maxi" y Venezuela tuvo el corazón en la garganta, pero se salvó y respiró. Después, cuando algo se había equiparado el juego, especialmente porque los celestes bajaron la intensidad de su insoportable marca en la salida del rival, aparecieron las distracciones y con ellas unas incursiones caribeñas por el fondo charrúa, que por suerte fueron contenidas por Fabián Carini, por Diego Lugano, Andrés Scotti o hasta por el propio Fucile.
Parecía que el partido se iba a ir estancando y que cada vez habría menos espacios, pero Scotti se avivó y lanzó rápido un tiro libre. Forlán entró a toda velocidad y esta vez no perdonó. Era el 1-0, ponía justicia con el partido y tenía que haber sido el cierre de esos 45`.
Sin embargo, Arango tuvo un tiro libre, la barrera se abrió y no había forma que Carini evitara el empate.
Lo del segundo tiempo fue monumental. Venezuela no consiguió filtrarse nunca. Apenas al primer minuto, pero Carini tapó bien. Después fue todo celeste. Con un "Cebolla" Rodríguez soberbio, desequilibrante por todos lados. Con un Fucile electrizante y muchos hombres metiendo coraje en cada pelota.
No hay duda. Fue el Uruguay que prometería ser, el que se quería ver, el que se ganó el derecho de quedarse hasta el final del campeonato. Y lo que es mejor, tiene jugadores para lograr luchar por eso. Se acordaron a tiempo de recuperar su nivel y ahora volvió la ilusión.