FABIÁN MURO
Desde que sacó su primer disco solista, Ryan Adams recogió elogios, críticas y se entregó a los clichés y excesos que acompañan a casi toda estrella de rock mientras conformaba una discografía errática y cuantiosa.
Nacido un 5 de noviembre hace 32 años, Adams ya había grabado su primer disco como integrante de Whiskeytown antes de cumplir 21. A los 25, ya había debutado por cuenta propia con Heartbreaker, que lo ubicó entre los más promisorios compositores e intérpretes del rock de su país. Hasta el rótulo alt-country parecía haber sido inventado para él, como para tener a mano un nombre corto para la mezcla de rock y country característica de su estilo.
Desde el principio, también, Adams hizo suya la vida de sexo, drogas y rock & roll. Entre las botellas de bourbon, las rayas de cocaína, la multitud de chicas que compartían su cama -como Winona Ryder- un temperamento volátil y la expectativa de éxito comercial, el talento de Adams se fue desdibujando en una sucesión de discos desparejos y fragmentarios.
Fueron tantas las ediciones (desde Heartbreaker hasta éste, Adams sacó ocho títulos) que el cantante, compositor y guitarrista parecía querer sustituir la pérdida de foco con la proliferación de canciones.
Ahora, dice, se sacó de encima algunos de los vicios más severos, como el de inhalar heroína y cocaína juntos. Y el resultado es el disco más coherente y parejo de Adams en años. Easy tiger no tiene la frescura y el charm de Heartbreaker, pero sí la eficacia y la convicción de Gold (2001), el segundo de su obra. De ahí, tal vez, que un escritor como Stephen King se haya encargado del texto que acompaña la edición de Easy tiger y afirme en el comunicado que "éste bien puede llegar a ser el mejor disco de Ryan Adams".
Las canciones de nuevo disco, como las de Gold, tienden puentes entre los afiebrados impulsos primales del rock y las melodías cristalinas del country. Casi siempre, además, con ganchos melódicos o instrumentales que le dan a los temas un contagioso espíritu pop, como en Tears of gold, una canción propulsada por una guitarra steel y la melancólica y vital voz de Adams.
Inspirado, Adams demuestra en Easy tiger su talento para la composición e interpretación y lo hace en varios registros: desde el hard rock de Halloween head al country de Goodnight Rose y el pop de agridulces guitarras de Two, intepretada a dúo con Sheryl Crow. Por desgracia, hay algún que otro tema que parece de relleno, pero Easy tiger muestra que las garras de Adams siguen filosas.