Un antiguo local sindical donde hace 34 años se lanzó en Uruguay el llamamiento a la huelga general y a la resistencia obrera contra el golpe de Estado, será declarado Monumento Histórico.
La sede de la ex Federación de Obreros de la Industria del Vidrio, donde en la madrugada del 27 de junio de 1973 se reunió clandestinamente la conducción de la central obrera de entonces, la Convención Nacional de Trabajadores (CNT), y lanzó la huelga general, será considerada un monumento por la Junta Departamental de Montevideo.
El rector de la estatal Universidad de la República, Rodrigo Arocena, que en 1973 integró la dirección de la CNT como miembro de la federación estudiantil, afirmó hoy que "cuando los muchachos de la Facultad de Humanidades buscan en estos días con angustia los restos de detenidos desaparecidos o cuando hurgan en algunos archivos de la dictadura, lo que están haciendo es seguir aportando para la reconstrucción de la memoria de nuestro país".
La Junta Departamental realizó anoche una reunión en la histórica sede de los trabajadores del vidrio como parte de los homenajes que se celebrarán durante toda la semana en conmemoración de los 34 años de la huelga general
En aquella madrugada de 1973, el entonces presidente Juan María Bordaberry, del Partido Colorado, conservador, elegido en comicios democráticos, firmó un decreto de disolución de las Cámaras legislativas, iniciando una política funcional a los mandos militares.
La CNT respondió al golpe con una huelga general y la ocupación de los lugares de trabajo, en una medida de resistencia que paralizó al Uruguay por casi quince días y tuvo su jornada más resonante el 9 de julio de ese año con una gigantesca manifestación en la avenida 18 de Julio de Montevideo, que fue duramente reprimida.
La CNT había citado a la protesta en la avenida a "las cinco de la tarde en punto", transmitiendo la convocatoria en el boca a boca, mientras desde una radioemisora se difundía repetidamente el "Llanto por Ignacio Sánchez Mejías", de Federico García Lorca, que anunciaba: "A las cinco de la tarde. Eran las cinco en punto de la tarde".
Tras el golpe de Estado, además de la disolución del Parlamento, los militares cerraron los sindicatos, prohibieron la actividad de los partidos políticos, intervinieron la Universidad estatal, censuraron la prensa y encarcelaron a millares de personas, sometidas a torturas en casi su totalidad, según informes de organizaciones humanitarias.
El periodo de facto se extendió hasta 1985, y en se lapso casi un centenar de presos políticos murió en las cárceles, unos 200 uruguayos opositores desaparecieron, muchos de ellos en sus exilios en Argentina, Chile, Paraguay o Brasil, y más de 300 mil personas se vieron obligadas a emigrar.
ANSA