FEDERICA NARANCIO
Los jubilados que viven en el complejo habitacional en Belvedere reconocen que, dentro del contexto que los rodea, son afortunados: las viviendas que el BPS les destinó hace 6 años están bien construidas y son funcionales a sus necesidades.
"Estamos muy agradecidos, porque la verdad es que son preciosas", reconoció Roberto Garrido, quien vive allí y está al frente de la mesa de viviendas de jubilados y pensionistas administradas por el Banco de Previsión Social (BPS) y el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (Mvotma).
En un recorrido, vecinos del complejo mostraron el salón comunal donde se reúnen, el frente con el pasto prolijamente cortado, una grada que rodea el edificio y una garita donde un guardia de seguridad vigila las 24 horas.
Las viviendas de la planta baja son destinadas a los más enfermos. "Mirá el baño, por ejemplo, tiene una agarradera para el que le cuesta moverse", mostró Sonia Torres, una residente del complejo.
Sin embargo, no deja de ser paradójico que -al ser complejos habitacionales que el BPS destina a jubilados que perciben pasividades menores a 12 UR ($ 3.882)- algunos vivan muy cómodos pero sin tener qué comer o sin recursos suficientes para costearse los medicamentos que necesitan.
Una situación similar enfrentan los adultos mayores que viven en el complejo Las Violetas, en Prado Norte: el edificio fue construido en el año 2004 y los apartamentos, que le cuestan al Ministerio de Vivienda cerca de U$S 40.000 cada uno, son confortables, con buenas terminaciones y los de la planta baja están adaptados para los discapacitados.
Pese a esto, los vecinos, que se llevan muy bien entre ellos, están preocupados por un anciano que está poco menos que muriéndose de hambre. "Todos los días le llevamos un plato de comida", aseguró Nelsa Nelly Dorrego (79).
Desde el 2004, cuando se mudaron, fallecieron 10 ancianos. Algunos, según los vecinos, producto de una mala alimentación.
Soledad, abandono y problemas económicos aquejan a muchos de estos adultos mayores, que si no reciben la ayuda de un vecino o de un familiar, están condenados a vivir aislados de la sociedad.
En Las Violetas y el complejo Belvedere, los residentes han formado comisiones e intentan ayudarse mutuamente. "Somos una gran familia", aseguraron.
Pero no es el caso de todos los complejos habitacionales para jubilados. Algunos, ubicados en barrios periféricos como Casavalle y Borro, tienen muchas carencias edilicias y los ancianos son frecuentemente víctima de robos y maltrato.
"Creo que nuestros problemas son la punta del iceberg", dijo Garrido, y como prueba de ello, él y la secretaria de la mesa de viviendas de jubilados y pensionistas, Raquel Lema (70), quisieron ir hasta el complejo habitacional que está en el barrio Casavalle, en San Martín y Teniente Rinaldi.
Allí hay unas 50 viviendas que fueron construidas hace 10 años como núcleos básicos. Son, tal como describió Garrido, "ranchos donde no es digno que viva un anciano".
"Hace tiempo que estamos pidiendo para irnos porque estas casas son insalubres. En invierno te congelás: entrás al baño y parece una cámara de hielo. Acá, nuestros problemas de salud empeoran: en este último mes fallecieron tres abuelos", afirmó Magdalena Peralta, una moradora.
El barrio no ayuda mucho: los jubilados relataron que son robados diariamente, que en las esquinas hay venta de drogas y que después de las seis de la tarde no salen a la calle. "Ni pensar". "Tenemos mucho miedo. El servicio de 222 no da abasto, cuando van por un lado roban por el otro y a las tres de la tarde es común que rapiñen al (ómnibus) 102", dijo Peralta.
Sin embargo, la solidaridad se impone entre algunos vecinos. Un caso que los preocupa particularmente es el de un matrimonio que vive enfrente: la señora tiene una delicada condición de salud y demencia senil y su esposo, ciego, está postrado en cama.
María Teresita (61), presidenta de la comisión del complejo, contó que aunque tienen nueve hijos e hijas sólo los visita una de ellas, y cuando va es para cobrar la pensión del matrimonio. "Ella les compra cuatro cosas locas y los deja tirados ahí. El otro día me asomé y la abuela estaba haciendo una sopa. Cuando me acerqué, vi que la estaba preparando con un pollo verde", contó.
Otro de los problemas que enfrentan ellos, así como otros complejos habitacionales, es el de los intrusos. "Las viviendas pueden ser cohabitadas por dos personas máximo, pero muchas veces fallecen y se quedan los parientes", contó Garrido.
Buenas intenciones. Hace 20 años, el BPS aplicó la ley 15.900, "en la que se le descuenta a todos los jubilados y pensionistas el 1% de sus haberes para la construcción de viviendas para los más pobres", indica el Informe sobre el Programa de viviendas para Jubilados y Pensionistas del BPS y Mvotma elaborado en 2003 por la Unidad Permanente de Vivienda.
Según Beatriz Franchi, gerente del área Prestaciones Sociales del BPS, en el país existen 236 complejos habitacionales: 49 en Montevideo y 187 en el interior. Esto suma un total de 5.577 viviendas, de las cuales 2.473 corresponden a Montevideo y 3.104 al interior del país.
El BPS las destina y otorga a los jubilados. El Mvotma las construye y administra desde el punto de vista edilicio, aunque pronto esto lo hará el BPS.
Según explicó Roberto Garrido, "los complejos habitacionales han sido una buena solución para los jubilados de bajos recursos. Pero con darte una vivienda y depositarte ahí no solucionás otros problemas: muchos de los ancianos están muy solos, los familiares no los visitan y como no tienen dinero para pagar una cuenta de teléfono, si tienen una emergencia dependen del vecino para llamar a una ambulancia".
Los jubilados entienden que no todas estas cuestiones son responsabilidad del BPS o del Mvotma. Pero piden que se coordinen con otras instituciones para implementar cambios.
"Que nos bajen la cuenta de teléfono o que haya uno público en todos los complejos. Que aprueben un proyecto que presentamos hace un año, de recibir una canasta básica de alimentación del INDA. Que realojen a los que están en barrios peligrosos. Y, finalmente, que el BPS se haga cargo de algunos hogares para que tengan un cupo para aquellos jubilados que tienen una salud muy delicada y no pueden vivir solos", enumeró Garrido.
Las cifras
17,5% de la población uruguaya tiene más de 60 años: son un total de 581.566 personas, según cifras del INE del 2005.
200.000 mayores de 65 viven en Montevideo y 50.000 tienen más de 80. El 77% son mujeres. El 27% (54.000) viven solos, según IMM.
Policías ayudan a los abuelos
A Carmen Tulic, oficial a cargo del Programa Adulto Mayor del Ministerio del Interior, se le hizo un nudo en la garganta cuando recordó el caso de una anciana que socorrieron porque estaba en estado de abandono.
"Cuenten ustedes el caso", dijo, y le dio la palabra a los demás oficiales encargados de atender las denuncias de maltrato a adultos mayores.
"Una vez recibimos el llamado de un diputado que nos informó que una señora había sido dada de alta por Salud Pública con una fractura de cadera y la habían dejado en su casa, sentada en una silla, sin poder moverse. Dos días estuvo así. Yo sé que una vez que te dan de alta te mandan para tu casa, pero por lo menos la podrían haber acostado en la cama. Gente de la zona se enteró, fueron hasta allí, la higienizaron, la acostaron y nos llamaron", relató Jorge López, un oficial.
"Cuando llegamos ya estaba mejor, pero nos pedía que la enviáramos a alguna institución u hospital donde le dieran `cariño` ya que lo único que deseaba era no morir sola", recordó.
Desde 2003, el equipo de cinco oficiales del Programa de Adulto Mayor de la Dirección Nacional de Prevención Social del Delito reciben específicamente las denuncias de maltrato a los ancianos, y ayudan a derivar los casos que reciben a las instituciones correspondientes. Por año reciben cerca de 200 denuncias. Tienen una línea gratuita: 0800 1929 y la dirección es San Martín 2533.