Están todos violetas

Los de Defensor regalan felicidad y los de Peñarol están que vuelan

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EDWARD PIÑÓN

Una noche de recuperación. Una noche de furia. Un partido para ratificar la paternidad de Defensor Sporting. Un duelo para reventar de rabia.

Ganó el de Punta Carretas y aunque parezca una paradoja, lo mire del lado que lo mire, quedaron todos violetas. Los del Parque Rodó de felicidad por haber resurgido en la Liguilla y por seguir peleando con fuerza la clasificación a la Copa Libertadores. Los de Peñarol porque quedaron en el último lugar del torneo y porque no hay forma de vislumbrar un repunte.

La mejor forma de exponer lo que pasó en la cancha se presenta por el lado de la hinchada aurinegra, que bramó de bronca y reventó al punto de no parar de entonar cánticos de repudio contra sus jugadores.

Lo que sucede es que por más que se dedicaron a cantar, se dieron cuenta que la diferencia en la cancha fue otra vez a favor del equipo rival, el que manejó la pelota y los tiempos del partido, pese a que le faltó la adecuada contundencia en el área como para avalar su mejor rendimiento.

Defensor dominó la mitad de la cancha y cerró con inteligencia los espacios, especialmente a partir de los 30 minutos del primer tiempo, porque antes hubo dos buenas llegadas gracias a los cambios de frente de Capria, las incursiones por la banda izquierda de Diego Rodríguez y las posteriores llegadas del brasileño Silvio Mendes.

Después de eso, lo de Peñarol comenzó a ser cada vez más intrascendente e inexpresivo. Y eso que Gregorio Pérez intentó darle otra fuerza al ataque. Pero ni Ortiz pudo mejorar lo pobre de Vigneri ni el brasileño Mendes encontró el apoyo necesario como para meterse con más potencia en el área.

Además, si de expectativa se trataba, por lo que estaba pasando en la cancha solamente podía esperarse algo del equipo de Punta Carretas, porque Defensor sólo precisaba un hombre de área para darle a su generación de juego la contundencia necesaria.

El gol llegó, precisamente, gracias a esa potencia goleadora que había carecido en cada una de las incursiones de Mauro Vila y Sebastián Fernández.

Tras el desborde del "Tata" González, Carlos María Morales pegó un frentazo mortal que condenó a Peñarol al último lugar de la Liguilla y que dejó a Defensor bien colocado como para regresar a la Copa Libertadores.

El final, en consecuencia, era el que se podía esperar. La hinchada aurinegra "violeta" de la furia que tenía por el resultado y por la forma en la que se desempeñó su equipo.

Los "tuertos", en cambio, "violetas" de felicidad porque confirmaron su hegemonía sobre Peñarol y porque siguen dando pelea.

La cifra

1 punto sobre nueve disputados es lo que suma Peñarol en esta Liguilla y en los duelos del año con Defensor

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