DÉBORAH FRIEDMANN
Fiorella no se anima a llevar a su hijo a ver la casa. Desde que se fueron en medio del agua, el niño casi no habla. No les quedó nada. Y teme cómo reaccionará su pequeño cuando sepa que ya no tiene juguetes, libros y ni siquiera cama y colchón.
Por estas horas ya casi no hay agua en las calles de Treinta y Tres. Su retirada dejó a la vista un panorama aún más desolador. Camas, roperos, colchones, libros, documentos, juguetes, heladeras, cocinas, lavarropas y prendas de vestir están en patios y veredas, esperando que el sol haga un milagro que muchos saben imposible.
Las otras secuelas, menos tangibles, están en el aire. El miedo, las pesadillas, un par de kilos menos, la incertidumbre de tener que volver a empezar de cero, están en las conversaciones de los damnificados, entre barro, hipoclorito y mate.
Yanette Pérez, del barrio Olimar, tiene todo afuera de su humilde vivienda. Ya la limpió y se agarra la cabeza cuando cuenta todo lo que tuvo que tirar. Sábanas, muebles, colchones y cocina. Sólo le queda algo de ropa, que lavó una y otra vez para intentar sacarle el barro y el olor a humedad.
En la casa de al lado, tres niñas, Natalia, Vanesa y Ana arreglan su casa entre barro y lamentos. "Fue horrible, se destrozó todo. Estamos re-tristes. No tenemos más grabador, televisor. De las seis sillas nos quedaron dos. Tampoco tenemos cama ni colchones. Esto es un desastre", dice Vanesa. Y como si fuera poco, agrega: "Encontramos víboras y lagartijas".
En ese, como en otro de los barrios más afectados, Nelsa Gómez, las inundaciones son parte de la vida de los lugareños. Pero desde 1959 el agua no llegaba a los niveles que alcanzó esta vez. Nadie lo esperaba y se nota.
Francisca Segovia llegó a levantar más de un metro muchas de sus cosas, pero no tiene nada. El agua llegó 1,81 metros dentro de su casa. Alcanzó casi hasta el techo, donde la marca aún permanece, como recordándoselo. El agua tiró todo lo que había a su paso. Cama, mesa, ropero, modular, lavarro
pa, heladera y colchones. En su patio, restos de libros, juguetes, armarios y camas son la cara visible del desastre.
Cerca, a Alejandra Rodríguez el agua también le llevó la ventana y le trajo un fuerte resfrío a su hija más chica. "Tuve que venir a limpiar con las nenas. Estaba todo tan húmedo que se me enfermó ella", se lamenta. En el jardín intenta ver si puede salvar la cama de dos plazas. Las cuchetas de sus niños son historia y espera que vuelva la energía para confirmar que la heladera aún funciona.
Alejandra está cansada. Los últimos días no fueron fáciles. Temía que le robaran así que en los cinco días que estuvo fuera de su casa igual iba "con el agua hasta la cintura" para ver que no la hubieran desvalijado.
Limpiar y arreglar el caos lleva un tiempo del que muchos no disponen, si no quieren perder su trabajo. Sandra estuvo dos días sin ir a su empleo y aunque en su casa aún hay barro y desorden volvió a trabajar: "lo único que me falta, encima, es quedarme desocupada".
Entre libros, muebles y juguetes al sol, Verónica cuenta que casi no duerme. "Me despierto en el medio de la noche y no puedo parar de pensar en todo lo que ya no tengo", dice. Muchos de los que están por la tarde en sus casas, aún no duermen ahí. Hasta el viernes, 326 personas permanecían bajo el cuidado de la Intendencia.
Sonia, en el Estadio Municipal, todavía tiene la imagen de su hijo adolescente cuando llegó al refugio y se le caían las lágrimas. "Está muy triste", dice.
A su lado, María Gallo cuenta que tuvo que salir rápido de su casa. En algunos lugares de Treinta y Tres el agua subió cuatro o cinco metros en un par de horas. Se fue llorando, consciente que no le iba a quedar nada. Y así fue.
"Tremendo". Si algo falta en Treinta y Tres son colchones, sábanas y frazadas. Los damnificados se quejan una y otra vez de tener que dormir en el piso y las autoridades dicen que no dan abasto. "Entregamos 514 colchones y tenemos 2.000 solicitudes", afirma el director de Desarrollo Social de la Intendencia, Enrico Teliz.
En el patio de la Intendencia de Treinta y Tres el ir y venir de los damnificados es constante. Pilas y pilas de ropa esperan a aquellos que la necesitan. Un niño llega con bermudas y se lleva un pantalón. Quedan en conseguirle zapatos.
Dos de los centros de evacuación también se inundaron en la creciente. "Tuvimos que despertar a la gente a las 3 de la mañana para llevarlos a otro lugar. Eso es tremendo desde el punto de vista psicológico. Además, los que salieron no son los damnificados de siempre. Eso agudiza el problema", dice Teliz.
La comuna hace gestiones con Cruz Roja y la Coordinadora de Psicólogos para brindar atención a los damnificados. "Tengo la certeza de que la gente quedó mal. Es enorme el impacto de tener que salir con lo puesto. Abrís la puerta de tu casa y no tenés nada. Ni muebles, ni las fotos del cumpleaños de 15, ni la libreta de casamiento. Los niños no tienen juguetes. Para ellos, eso es tremendo", afirma Teliz.
El intendente Gerardo Amaral está preocupado. A nivel de infraestructura la comuna ya comenzó a arreglar puentes, caminos y calles. A la vez, tras constatar que hay casas comprometidas desde el punto de vista estructural ordenó que arquitectos municipales releven la situación. Ya decidió que solicitará al Ministerio de Vivienda ayuda "adicional" para arreglar las viviendas.
La principal preocupación de Amaral es la reinserción de los damnificados.
Colchón, sábana y frazada
Cruz Roja y Canal 4 hacen una campaña conjunta para brindar ayuda a los afectados. Hasta ayer habían mandado 25 toneladas de ropa, alimentos y artículos de higiene. Nibia Rodríguez, presidenta de la institución, dijo que lo que más se necesitan son colchones y sábanas. También se precisan piojicidas. Por donaciones llamar al 480-21-21 o ir personalmente a 8 de octubre 2990. Hasta hoy también las reciben en Montecarlo, Paraguay 2253.
En Treinta y Tres lo que más se precisa son sábanas, colchones y frazadas. También muebles de todo tipo. Por donaciones en Montevideo se pueden dirigir al Club de Residentes de Treinta y Tres,
Maldonado 1582, teléfono 411.18.99 o directamente en la Intendencia por el 0452-2108.
El gobierno abrió líneas telefónicas para donar: 0908 9150 para dar $50, 0908 9251 para $100 y 0908 9252 para $200.
La Iglesia Mormona en Uruguay, entregó para los afectados 600 frazadas, 200 colchones, 500 championes y 14.000 pañales.
Fábricas perdidas y animales muertos
El agua nunca había pasado la puerta de la fábrica de ladrillos Alca, a pocos kilómetros de la capital de Treinta y Tres. Esta vez entró y a su paso destrozó todo lo que había.
De los 7.000 ticholos prontos para hornear, sólo queda un gran barrial. Los 4.000 que estaban en el horno probablemente también estén perdidos. Los motores de las máquinas no arrancan y lo mismo sucede con la camioneta del reparto.
En el escritorio de la empresa el agua terminó con la computadora, el fax, el teléfono e innumerables documentos. "Quise entrar para intentar salvar algo pero no me dejaron. Había mucho peligro por la corriente", contó Alicia Kapek, propietaria de la empresa.
Desde el viernes intentan volver a empezar. La intención es retomar la producción cuanto antes. De esa empresa dependen unas 12 familias.
El padre de Alicia estaba en medio de la cosecha de arroz cuando el agua inundó el campo. "Perdí mil bolsas. Ahora estoy viendo si se pueden vender como forraje", dijo.
Aunque aún no hay estimaciones de los efectos de las inundaciones sobre el agro, hay algunos indicios de que la crecida provocó grandes pérdidas. "Sólo de tres campos me informaron que se les murieron 500 vacunos. Además, cuando sobrevolé la zona afectada vi ´islas´ de ovejas muertas", dijo el intendente Gerardo Amaral.
En Treinta y Tres, la comuna y el Ministerio de Ganadería comenzaron un plan para evaluar los daños, que incluirá también el manejo de animales muertos.