NATALIA ROBA
"¿Digame qué riesgos puedo tener físicos y psíquicos ya que voy a abortar? Gracias", escribió María a la consultoría online que responde Martha Grego, quien dirige Madrinas por la Vida, una ONG que atiende a mujeres en riesgo de aborto.
Grego le respondió en un mail los síntomas que puede haber luego de un aborto. En el asunto escribió: "Ama a tu bebe". Dos días después, María, la chica mexicana, le respondió: "Cuando recibí su mail tenía día y hora para abortar. Lo que usted me puso en el asunto fue lo que me decidió a seguir adelante con este embarazo".
Desde hace siete años, Grego y Marta Benvenuto llevan adelante Madrinas por la Vida con el objetivo de dar apoyo a mujeres que están en riesgo de abortar por enfrentar un embarazo en extremas dificultades económicas.
Las mujeres que se acercan a la ONG en busca de ayuda material tienen entre 14 y 22 años. Una "madrina" anónima a la que nunca llegan a conocer, se encarga cada mes de comprar una canasta básica de alimentos por un valor de $ 500 y se la entrega a las caras visibles de la organización, Grego y Benvenuto, quienes a su vez se la suministran a las madres.
Si una de las madrinas o también pueden ser padrinos-, no puede gastar $ 500 mensuales, se unen a otras personas para hacer la compra y llegar al monto. Además, en algunos casos se extiende el plazo de un año si la madrina puede seguir costeándolo.
A cambio de esa canasta, las mujeres deben asistir dos veces por semana a los talleres en los que aprenden a trabajar con cerámica, cocina, telar o tejidos con el fin de que, luego que pase el año y dejen de recibir los alimentos, puedan valerse por sí mismas y percibir algún ingreso por sus trabajos.
Benvenuto señaló que si la madrina pide para conocer a la madre que ayuda se accede. Pero la política tiene el objetivo de que "las madrinas no sean agobiadas con reclamos o necesidades de otro tipo por parte de las jóvenes que ayudan. Para eso estamos nosotras", subrayó.
Pero, además del apoyo que prestan a mujeres de escasos recursos, también brindan atención a toda mujer en riesgo de abortar que lo requiera, o a mujeres que se hayan practicado un aborto anteriormente, más allá de su nivel socioeconómico.
Grego es orientadora familiar y recibe en su casa de Carrasco a cualquier mujer que pida una entrevista con ella. Además, a través de la consultoría online desde el sitio catholicnet.com o a través del mail
martag@netgate.com.uy
, responde a las inquietudes de quienes le escriben.
Si bien las integrantes de la ONG son católicas, afirman estar abiertas "a dar apoyo a personas no católicas o de otras religiones".
"Por supuesto que vamos a ofrecerles lo bueno que tenemos, como el bautismo o el matrimonio, pero eso no quiere decir que si alguna persona no lo comparte, la vamos a excluir", aseguró Grego.
Desde países de la región como Chile, Argentina o Perú las invitaron a contar su experiencia. Hay personas que impulsan la ONG en esos países.
SOLAS. El jueves a la hora 15,10 ya estaba un grupo de unas ocho mujeres de entre 16 y 22 años moldeando la cerámica en el local trasero de la capilla San Jerónimo en la calle Volteadores y Avenida Italia.
La mayoría de las allí presentes tomó conocimiento de la existencia de la ONG por vecinas o conocidas. A pesar de las dificultades económicas, a la mayoría no le pasó por la cabeza abortar. Pero, igual reclaman ayuda para tener a sus hijos. Deben asistir martes y jueves entre la hora 15 y la hora 17 para aprender un oficio, y si asisten tres veces seguidas, reciben la canasta. El pedido comprende dos litros de aceite, dos kilos de azúcar, arroz, harina, dos paquetes de fideos, 100 gramos de royal, cuatro barras de jabón, un kilo de leche en polvo, un paquete de lentejas, un kilo de yerba, un kilo de polenta y medio kilo de maicena.
Jennifer Fonseca hace un año y medio que asiste. Su primer embarazo fue a los 16 años y ahora espera su tercer hijo. "Nunca me pasó por la cabeza la posibilidad de abortar. Al principio fue complicado, tenía 16 años y mi pareja no tenía trabajo, pero acá me sentí apoyada", dijo a El País.
También relató que acercó a una vecina que quería abortar porque tenía dos hijos más y no estaba bien, y finalmente el bebe nació.
Gabriela (17) llegó de Artigas buscando trabajo con su novio y quedó embarazada. Sin embargo asegura: "Nunca pensé en sacármelo". No obstante, reconoce que necesita apoyo porque no tiene a nadie en Montevideo.
Grego lamenta el poco conocimiento que existe de la ONG y está dispuesta a transmitir la idea a otras personas que quieran impulsarla en otros barrios.
Hoy atienden a adolescentes de la Cruz de Carrasco y Villa Chancho, que son las que pueden llegar caminando a Malvín.
La ONG Madrinas por la Vida surgió en un viaje que Martha Grego realizó a México, en el cual visitó el santuario de la Virgen de Guadalupe, con la preocupación de ayudar a las mujeres que quedan embarazadas en situaciones de dificultad.
A su regreso a Montevideo se encontró en la calle con Carmen, quien le confesó que quería abortar porque estaba muy sola y no tenía apoyo de su familia. "Le hablé de ese niño en su vientre y me comprometí a ayudarla. Así nació Madrinas", cuenta. Luego habló de su iniciativa con Marta Benvenuto, y a ésta se le ocurrió lo de los talleres para que las mujeres puedan aprender un oficio que les sea útil en el futuro. Como en ese momento vivía en Tacuarembó, lo puso en marcha en Paso de los Toros, donde actualmente continúan.
Desde que surgió la ONG en 2001, han atendido a unas 200 mujeres. Han recibido donaciones de cocinas, heladeras, mesas y bancos para los talleres. Las profesoras enseñan gratuitamente, y recientemente recibieron una donación de coches para bebés de Motociclo y un ofrecimiento del Círculo Católico para atender a las mujeres.
Ofrecen sus servicios al Pereira
Las responsables de la ONG "Madrinas por la Vida" dijeron a El País que quieren ofrecer trabajo gratuito a la clínica del Hospital Pereira Rossell que asesora a mujeres que quieren abortar. Martha Grego afirmó que en esa clínica "no se les da opciones a las mujeres. La que llega con la decisión de abortar sale más decidida a hacerlo. Lo que queremos es que sepan que existe `Madrinas por la Vida` para que busquen apoyo si quieren tener su hijo".
"Muchas veces se nos considera enemigas. Pero no queremos perjudicar a la otra parte. Estamos para servir a la vida y a todos los uruguayos con lo que sabemos hacer", enfatizó.
Desde 2004 la organización "Iniciativas Sanitarias Contra el Aborto Provocado en Condiciones de Riesgo", dirigida por el ginecólogo Leonel Briozzo, atendió a 465 mujeres y el 88% de ellas se practicó un aborto. En cambio, sólo el 4% resolvió no hacerlo. A su vez, el 100% de las mujeres que se realizó un aborto utilizó el misoprostol, droga indicada para el tratamiento de la úlcera gástrica.
Sin embargo, Grego dice que no cree que ninguna mujer quiera abortar. Y asegura que lo prueba que, con un poco de contención, ninguna de las mujeres que se acerca a la ONG, lo ha hecho. Pretenden, en el futuro, montar una policlínica si consiguen profesionales que se ofrezcan a trabajar gratuitamente para atender a las mujeres.
Gabriela: "En la emergencia vi al bebé retorciéndose de dolor; es muy fuerte, cada vez que lo cuento no puedo evitar llorar"
Gabriela (23) vive en Carrasco y se practicó un aborto con misoprostol a los 19 años con un embarazo de tres meses. Se puso en contacto con la ONG Madrinas por la Vida en busca de ayuda. Casi cuatro años después puede contar lo que pasó porque logró "asumirlo" pero no "superarlo". "El dolor, la angustia y la culpa será para siempre" afirma. En su caso no pesaron problemas económicos y quería tener a su hijo. Pero su madre y su novio la convencieron de que abortar era lo mejor porque "me iba a complicar la vida a mí y a ellos".
Concurrió entonces a la clínica privada de un ginecólogo que le recomendó misoprostol. Le dijo que "si lo iba a hacer lo hiciera cuanto antes ya que tenía tres meses de embarazo. Cuando me empezó a explicar que tenía que humedecer cuatro pastillas de misoprostol y colocármelas en la vagina, e iba a empezar el sangrado, no quise estar más y me retiré", relató la paciente. "Le expliqué todo a mi novio. Y él consiguió las pastillas no sé cómo. Yo estaba muy mal y no quería saber nada", cuenta Gabriela.
Si bien admite que el misoprostol es la forma más "natural" de realizar un aborto, asegura que la madre no se ahorra 12 horas de dolor. Aunque intentó interrumpir el aborto y se trasladó a la emergencia, ya era tarde. "Sentís todo lo que está pasando, dolores, retorcijones, contracciones, el latido del corazón del bebé acelerado. En la emergencia vi al bebé retorciéndose de dolor. Es muy fuerte, cada vez que lo cuento no puedo evitar llorar", explica entre sollozos.
Había comenzado con el aborto en la noche del día anterior y recién a las 10 de la mañana le hicieron un tacto y expulsó al bebé. "Es un varón, ¿lo querés ver?", le preguntó la enfermera que acotó que aunque es fuerte hay madres que piden ver a su hijos. Luego del aborto tuvo los síntomas del síndrome post aborto. "Caí en una depresión muy fuerte, tuve problemas de alimentación, no me podía ver al espejo, tuve anorexia nerviosa, bulimia de la que me estoy recuperando. Estuve dos años en tratamiento psicológico".