FLORIDA FEDERICO IGLESIAS
Otros dos casos de violencia doméstica se registraron en las últimas horas. Un hombre presa de los celos mató a su mujer con la cuchilla con la que trabajaba en un frigorífico. Paralelamente otra mujer sufrió quemaduras con agua hirviendo.
Un hombre de 44 años asesinó brutalmente a su concubina de 39 años, luego de mantener una fuerte discusión pasada la medianoche de ayer.
Ocurrió en Florida, en un tranquilo barrio ubicado al noroeste de la ciudad, luego de que María del Lourdes Vaz regresara a su domicilio en donde vivía desde hace 17 años con el homicida de iniciales C.M.
Según las declaraciones que el agresor realizó en la sede policial, la mujer llegó a su casa a las doce y media de la noche. Él, entonces, comenzó a interrogarla y en medio de cuestionamientos y celos se desató una discusión.
Sentado. Ya en el interior del dormitorio el hombre, sentado junto a ella, le asestó dos puñaladas debajo de la axila izquierda, utilizando una cuchilla de unos 17 centímetros de hoja. Las heridas le provocaron rápidamente la muerte.
Seguramente la víctima llegó a mostrar resistencia frente a la agresión, ya que el cuerpo también registraba otras heridas menores en los brazos, señalaron fuentes policiales. C.M. usó para matar a María del Lourdes la misma cuchilla que utiliza diariamente para trabajar en el frigorífico de la ciudad de Florida, donde realiza tareas en la planta de faena desde mucho tiempo atrás.
En la casa también se encontraba Lucas, un niño de 10 años de edad que la pareja tenía a su cargo desde hace varios años, y que es hijo de un familiar del agresor.
Según las fuentes policiales y judiciales consultadas, el menor se hallaba en otra habitación mirando televisión, y en medio de la fuerte discusión, se fue a la casa de un hermano de C.M., ubicada a algo más de una cuadra del lugar.
Insecticida. Una vez cometido el asesinato, el agresor intentó autoeliminarse.
Se tragó un potente insecticida y se provocó lesiones con el mismo cuchillo, aunque no llegó a herirse de gravedad. Ensangrentado, se trasladó hasta la Dirección de Investigaciones ubicada junto a la Seccional 1ª y se entregó.
Inmediatamente los policías fueron en patrulleros hasta la casa, en la calle Antolino Reyes 1170. Allí encontraron el cuerpo sin vida de la mujer. También se hicieron presentes la jueza departamental Julia Staricco, el fiscal y el médico forense.
En la tarde de ayer, la Jueza decretó el procesamiento con prisión del hombre por un delito de homicidio y lo trasladaron a la cárcel departamental.
La jueza Staricco expresó a El País que el agresor era un trabajador, una persona sin ningún tipo de antecedentes ni policiales ni judiciales y que el crimen que cometió parece haber sido "un hecho aislado".
La jueza señaló que en la misma madrugada se tomaron las primeras declaraciones al agresor, pero que luego lo internaron en el Hospital Florida debido a la intoxicación que le provocó el insecticida y a que aún sangraba por las heridas que se había hecho.
A la hora 14 se le dio el alta en el sanatorio y a los pocos minutos participó de una reconstrucción del hecho presidida por la jueza.
En montevideo. Miguel Ángel Salerno tiene 37 años y cinco antecedentes penales. Ayer fue a la cárcel otra vez, en esta ocasión imputado de un delito de lesiones personales agravadas.
Salerno fue detenido por policías de la Seccional 13ª luego de que su concubina, de 32 años, lo denunciara. Le arrojó agua hirviendo en un brazo además de propinarle varios golpes durante una discusión en su casa de Canstatt y Pedro Vidal en el barrio Larrañaga, afirmó. Luego de radicada la denuncia tomó el caso el juez penal de 16o Turno.
La mujer, madre de una niña de 10 años, fue asistida en el Hospital Filtro.
Tranquilo y de poco hablar
La noticia conmocionó al tranquilo barrio donde vivía la pareja. Agustina (74) es la vecina más próxima a la escena del crimen y contó a El País que "los dos eran unas personas correctas y buenos vecinos. Siempre se los veía juntos". Agregó que esa noche no oyó absolutamente nada. Otras personas acotaron que nunca se escuchó una discusión entre ellos, ni gritos, y describieron a C.M. como "una persona tranquila y parca".