Otro crimen que se pudo evitar

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GUSTAVO TRINIDAD

Hace tres meses María Fernanda Rial (27) volvió contenta a su casa en el barrio Las Acacias adonde se había mudado a escondidas. Había sido sorteada para barrido en la Intendencia y tendría un dinero para impulsar la nueva vida que buscaba.

Junto con sus hijos de 9 y 10 años compartía la casa con una amiga, en Joaquín Artigas y Chimborazo.

María Fernanda venía escapando hace meses del policía Walter Olivera (43) que la acosaba para reiniciar una relación que había terminado.

Dos denuncias por agresiones estaban estampadas en distintos juzgados. El 24 de diciembre el policía baleó la casa de la madre de María Fernanda, donde ella se había tenido que ocultar. Lo llevaron al juzgado, pero el 26 de diciembre ya estaba en la calle.

Las denuncias de nada sirvieron. Esa vez la mujer salió del juzgado con un papel que decía que el policía no se podía acercar a su casa: lo que se llama "medida cautelar".

Ayer a las cinco de la madrugada María Fernanda se levantaba para ir a trabajar. Los golpes en la puerta sonaron como un mal presagio. Olivera, un agente de segunda que revistaba en la Dirección Nacional de Prevención de Delito -una repartición que se dedica a la atención de víctimas de violencia doméstica- había logrado averiguar dónde vivía. Llevaba dos armas. Esposó a la amiga de María Fernanda. Ella lo echó a los gritos, pero Olivera ya tenía la decisión de matarla. Disparó tres veces a la mujer delante de sus dos hijos. Después se puso el arma en la boca y tiró el gatillo. Hasta anoche Olivera seguía en grave estado, en el CTI del Hospital Policial.

"Nosotros queremos ahora que el juez, al que ni siquiera le vimos la cara cuando fuimos al juzgado, nos llame y nos diga qué hago yo ahora con mi hija muerta", expresó entre llantos, la madre de María Fernanda, Esther, que ayer se hizo cargo de sus dos nietos.

Zona peligrosa. María Fernanda fue otra víctima que cayó en la peligrosa zona advertida por la directora de la red Uruguaya de Lucha Contra la Violencia Doméstica, la abogada Diana González.

"Los jueces abusan de la figura de medidas cautelares incluso pasando los casos a los Juzgados de Familia cuando muchos ameritan claramente el pase a la justicia penal. Se abusa de las medidas cautelares pero encima estas no tienen un seguimiento para ver si se cumplen o no", indicó González, que conduce una red que reúne a 24 ONGs en todo el país.

Para todas las autoridades y actores que trabajan en el tema la situación que vive el Uruguay es sumamente grave. Y no se percibe un avance.

Todos coinciden en que falta personal capacitado, coordinación entre justicia, policía y ONGs. Hay confusión sobre los roles que debe cumplir cada uno, como indicó en diálogo con El País, la jueza y presidenta de la Asociación de Magistrados, Anabella Damasco.

desbordadas. Las comisarías de las mujeres están desbordadas y en el interior, salvo excepciones, hay una por departamento. Es insuficiente. "Cuando una víctima va a denunciar violencia doméstica a una seccional cualquiera y es recibida por personal que no está preparado muchas veces eso vuelve más peligroso el caso porque le recomiendan medidas que no son adecuadas, o no las saben guiar, a no son bien atendidas, lo que puede provocar que esas mujeres se desilusionen y dejen en nada la denuncia", explicó González.

Se necesita un sistema de respuesta, atención y análisis de los casos que hasta hoy lejos está de atender el problema en un nivel aceptable.

Hay sólo 364 policías en todo el país abocados al tema: apenas 13 de cada 1.000 funcionarios policiales: hay 26.618.

De esos 364, aproximadamente 50 no han recibido capacitación alguna. Las autoridades de Interior buscan solucionar esta carencia. "Tenemos como medida prioritaria la capacitación del personal abarcando un amplio espectro de los funcionarios. Sabemos que las necesidades ahora están por encima de las posibilidades pero estamos trabajando duro y definiendo estrategias", explicó a El País Miguel Migliónico, asesor en este tema del ministerio del Interior. También se están realizando reuniones con los comandos de las distintas jefaturas para sensibilizarlos sobre el tema y estimularlos para que con la colaboración de otras instituciones se puedan crear más comisarías de la mujer, según destacó Migliónico.

Mientras tanto las cifras no por repetidas dejan de ser escalofriantes. Las denuncias por violencia doméstica superan a las rapiñas y cada nueve días una mujer muere.

Muchas de estas víctimas habían hecho todo lo posible para que ello no sucediera.

La cifra

9 Es el promedio de días que pasan entre una muerte y otra por violencia domestica. Se registran 20 casos por día.

Los Últimos casos

Tacuarembó

El martes pasado una mujer de 60 años fue muerta de dos tiros en la calle por su esposo de 57 años que luego entró a la casa y se suicidó de un tiro en la boca. Ocurrió en una vivienda céntrica ubicada en Agraciada al 249. El cuerpo del hombre fue hallado empuñando aún el arma calibre 32 con que desencadenó la tragedia.

Canelones

El domingo 8 de abril Mario Jiménez de 33 años mató a su esposa Teresita Luján de un golpe en la cabeza en su casa en el kilómetro 54 de la Ruta 6. Luego dijo a los familiares de Lujan que esta se había ido de la casa. El martes Jiménez se mató de un tiro en la cabeza. Horas más tarde era descubierto el cuerpo de la mujer en un tanque.

Soriano

El lunes 5 de marzo Giovana Isabel Olivera de 34 años fue muerta de varias puñaladas en la calle, muy cerca de su casa. El asesino fue su ex pareja que tenía prohibido acercarse a la mujer. El sábado anterior esta había denunciado nuevas amenazas de Fernando Godoy, el homicida, que ya había estado en la cárcel por lesiones.

Montevideo

La familia había denunciado que Juan Ramírez, de 52 años, andaba armado y que había dicho que iba a matar a su ex esposa Mary Carmen Ramírez de 28 años. Ramírez llegó hasta la casa en Díaz Quijano 4437 y Capitán Tula. La mató de un tiro y se suicidó de un balazo en la sien. Todo ocurrió delante de una de sus hijas de 10 años.

Maldonado

Elsa Cabral, una abogada de 40 años, sobrevivió a las 17 puñaladas que le infirió su esposo de 45. La agresión ocurrió delante de sus hijas de 1 y 3 años que se escondieron en un placard. La mujer fue atacada con un cuchillo de carnicería de 40 centímetros. Cabral le había pedido el divorcio al agresor lo que motivó su ira.

Florida

Lorena Guillén de 30 años ya había radicado varias denuncias de amenazas por parte de su ex marido, Cono Millán de 33. También había denuncias de destrozos en la casa. Sin embargo este le propinó una brutal paliza en plena calle que le causó heridas en el cráneo, un ojo y fisuras de costillas. Fue procesado pero sin prisión.

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