BUENOS AIRES AFP, EFE Y LA NACIÓN/GDA
Decenas de miles de personas en toda Argentina protagonizaron ayer la mayor protesta social en lo que va del gobierno de Néstor Kirchner; pero el blanco de las iras es un enemigo del presidente, el gobernador de Neuquén, Jorge Sobisch.
Las marchas fueron en repudio del asesinato, la semana pasada, del profesor de química Carlos Fuentealba durante una represión policial a una protesta de docentes en Neuquén. Los manifestantes reclamaron la renuncia del gobernador de esa provincia, quien también es candidato presidencial para las elecciones de octubre.
Las protestas docentes en Neuquén, y en otras provincias argentinas, eran por mejoras salariales. En una medida considerada "electoralista" por la oposición, el ministro de Educación Daniel Filmus -quien es el candidato del oficialismo a gobernador de Buenos Aires- aumentó las retribuciones a maestros y profesores sin consultar a los gobiernos regionales. "Varias provincias se están viendo en figurillas para poder pagarles a los docentes", dijo a El País el sociólogo y analista argentino, Heriberto Muraro, director de la consultora Telesurvey.
Paradójicamente, lo que en un inicio puede haber sido un reclamo contra una medida "inconsulta" del gobierno central, terminó -muerte de Fuentealba mediante- hiriendo letalmente la candidatura de uno de los gobernadores más críticos a la gestión de Kirchner, Jorge Sobisch, y por añadidura, salpicando a uno de los más enconados líderes opositores, Mauricio Macri, diputado nacional y el más firme candidato a la jefatura de gobierno porteña. Este último debió salir a anunciar que su hasta entonces firme alianza con el gobernador neuquino se había roto, luego de la represión de la semana pasada, generando otra grieta en la ya dividida oposición al kirchnerismo, a seis meses de las elecciones nacionales.
"Lo que pasó en Neuquén fue, para el gobierno de Kirch-ner, una desgracia con suerte", dijo a El País, de manera por demás gráfica, el sociólogo Heriberto Muraro.
marchas. "Las tizas no se manchan de sangre", "Basta de gatillo fácil", "Fuera Sobisch" y "Nunca más" rezaban algunas de las leyendas de las pancartas de los manifestantes. La protesta fue de tal magnitud, que por primera vez en seis años unió a las dos principales centrales sindicales argentinas: la CGT, de corte oficialista, y la independiente CTA.
El repudio que generó la muerte de Fuentealba unió a todo el país. A la huelga general de amplia acatación de los docentes, que insumió toda la jornada de ayer, se le sumaron paros temporales que afectaron los servicios de transporte público, la actividad bancaria, judicial y de la salud. Sectores empresariales e industriales se plegaron a las movilizaciones, así como organizaciones piqueteras.
La mayor concentración ocurrió en la capital federal. Allí, unos 40 mil manifestantes marcharon hacia la sede de la Casa de Neuquén en Buenos Aires. El principal orador del mitin, el líder de la CTA, Hugo Yasky, calificó al gobernador neuquino de "responsable intelectual del asesinato de Fuentealba", exigiendo además que "tiene que irse y pagar con la cárcel".
Luego del acto, organizaciones piqueteras -entre ellas Quebracho, grupo que atacó el jueves pasado un local partidario de Sobisch en Buenos Aires- continuaron la protesta en la Plaza de Mayo. Al cierre de esta edición, no se informó de más destrozos.
En la propia ciudad de Neuquén, unas 20.000 personas marcharon por el centro de la ciudad exigiendo la renuncia de Sobisch. Miembros del sindicado docente provincial acamparon frente a la sede del gobierno, anunciando sus intenciones de quedarse ahí hasta que se atiendan sus reclamos salariales y se esclarezca el crimen.
Por la muerte de Fuentealba fue detenido el pasado viernes el sargento de policía Daniel Poblete, quien sería el autor del disparo de granada que terminó con la vida del docente.
"A Carlos lo fusilaron y con él a toda su familia", dijo en el acto de Neuquén Sandra Rodríguez, la viuda de Fuentealba. Con la voz cortada por el llanto, sostuvo que "ahora hay que luchar para que su muerte no quede impune".
Las cifras
234 mil Afiliados cotizantes a la Confederación de Trabajadores de la Educación (Ctera), quienes dieron su adhesión plena a la huelga
2 Condenas anteriores sobre el legajo del policía Daniel Poblete, presunto asesino de Fuentealba, por "apremios" y "vejaciones"
Sobisch lo haría de nuevo
Si bien en todo el país ocurrieron marchas de protesta, los mayores disturbios ocurrieron durante las manifestaciones en Salta. En esa provincia, los educadores llevan cinco semanas de huelga a raíz de un conflicto salarial.
La policía disparó gases lacrimógenos y balas de goma contra los docentes que intentaron ingresar al parlamento local. Como en Neuquén, el gobernador de esa provincia, Jorge Romero, es un opositor al presidente.
Néstor Kirchner siguió por la televisión las marchas desde la residencia de Olivos. La semana pasada, Kirchner expresó su "profundo dolor" por la muerte de Fuentealba, enfatizando que su gobierno "repudia la represión como forma de solucionar conflictos". Ayer pidió "sensatez" y criticó a aquellos que quieren que el gobierno "ande con un palo en la mano".
Quien volvió a hablar fue el gobernador neuquino, Jorge Sobisch. No solo afirmó que sigue en la carrera presidencial sino que aseguró que "si tuviera que volver a dar la orden de represión, la daría por respeto a la Constitución", en el entendido que los huelguistas impedían con sus piquetes la circulación por las rutas. afp, efe y la nación/gda