CIUDAD DEL VATICANO AP, AFP Y EFE
En el día más festivo para la fe cristiana, el Papa Benedicto XVI repasó ayer todas las desgracias y calamidades que está sufriendo el mundo, en su tradicional mensaje "urbi et orbi" del Domingo de Pascuas.
"¡Cuántas heridas, cuánto sufrimiento en el mundo", dijo el Papa ante decenas de miles de fieles congregados en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano. Para ese momento, ya había repasado en su discurso un rosario de conflictos que se abaten en todo el planeta, haciendo especial hincapié en Irak, Afganistán y África.
Como preámbulo, Benedicto XVI comenzó el mensaje pascual recordando que ayer se celebra en la tradición cristiana la resurrección de Jesús y habló del pasaje del Nuevo Testamento referido al encuentro entre Cristo y el incrédulo discípulo suyo Tomás.
"Cada uno de nosotros puede ser tentado por la incredulidad de Tomás. ¿El dolor, el mal, las injusticias, la muerte, especialmente cuando afectan a los inocentes -por ejemplo, los niños víctimas de la guerra y del terrorismo, de las enfermedades y del hambre- ¿no someten nuestra fe a dura prueba?", se preguntó.
"En Medio Oriente, más allá de algunos signos de esperanza en el diálogo entre Israel y la Autoridad Palestina, no surge nada positivo desde Irak, destruido por una continua matanza mientras la población civil huye", clamó Benedicto XVI.
Durante el Domingo de Pascuas, la violencia en Irak se cobró la vida de otras 21 personas.
El Sumo Pontífice dijo pensar en el terrorismo y el secuestro de personas, en las "mil caras de la violencia que algunas personas intentan justificar en nombre de la religión", el desprecio a la vida, la violación de los derechos humanos, y la explotación de las personas.
En otro largo párrafo de su mensaje "urbi et orbi" (en latín, "a la ciudad y al mundo"), expresó su preocupación por África. Aludió a la "situación humanitaria catastrófica y subestimada" de Darfur, a la violencia y saqueos en el Congo, a los enfrentamientos en Somalía y la "grave crisis" en Zimbabwe.
El Papa terminó su repaso de calamidades con las catástrofes naturales de Madagascar, Islas Salomón y América Lati-na, más las tensiones en Timor Oriental, Sri Lanka y Afganistán.
Joseph Ratzinger, sin embargo, no incluyó en la lista la pena de muerte ni tuvo un gesto especial para los miles de participantes en una marcha que concluyó en San Pedro y pedía la moratoria del castigo capital en todo el mundo.
Benedicto XVI presidió por segunda vez los festejos de Semana Santa. Al final de su largo mensaje emitido en italiano, pidió que a pesar "del sufrimiento, el mal, las injusticias, la muerte, especialmente cuando golpean a inocentes, como los niños que son víctimas de la guerra y del terrorismo, de la enfermedad y del hambre", los cristianos debían mantener la fe que les brindó la resurrección de Cristo, festejada ayer en todo el mundo.
Antes de su mensaje papal, Benedicto XVI había celebrado la misa del Domingo de Resurrección en las escalinatas de la Basílica de San Pedro, decoradas con flores para la ocasión. Eran tulipanes rojos, lirios anaranjados y otras especies traídas de Holanda las que engalanaban el altar. El Papa agradeció especialmente a ese país por la ofrenda al término de la ceremonia.
Las voces de un coro de niños se escuchaban en la plaza a lo largo de la liturgia. Vestido con una túnica dorada, el Papa sujetó un crucifijo de plata mientras los clérigos quemaban incienso en las escalinatas.
Tras terminar las celebraciones de Semana Santa, Benedicto XVI se trasladó a la residencia papal de descanso de Castelgandolfo.
La cifra
62 Cantidad de idiomas en que el Papa saludó las Pascuas; desde el español al inglés, pasando por el chino y el esperanto, incluyendo el árabe y el hebreo
Vigilia Pascual
Durante la "madre de todas las vigilias", la noche del sábado al domingo de Pascua en la basílica de San Pedro, el Papa Benedicto XVI bautizó a seis mujeres: dos chinas, dos japonesas, una camerunesa y una cubana, además de dos bebés. Justamente, las mujeres y la necesidad de otorgarles más espacio había sido el centro de la homilía de la misa del Viernes Santo.