"Ponerme la camiseta de Uruguay fue lo más lindo de mi carrera"

| El básquetbol uruguayo vivió un antes y un después tras el surgimiento de Marcelo Capalbo. Su talento y su velocidad lo hicieron trascender rápidamente y conquistar varios lauros. Campeón federal en cinco oportunidades, bicampeón sudamericano con la selección uruguaya y un jugador que pasó por las ligas de Uruguay, Argentina, Grecia, España, Italia y Chile. Su carrera lo ha llevado a ser uno de los principales referentes del deporte nacional. A los 36 años, Marcelo Capalbo decidió poner punto final a su carrera deportiva, para seguir aportándole al básquetbol toda su magia desde otro lado.

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HORACIO ABADIE

- ¿Llegó el momento del punto final en su carrera?

- Sí, el punto final a una etapa. Ya tomé la decisión. De repente todavía estaba en condiciones físicas para seguir, pero no para lo que yo pretendo. Yo fui muy exigente conmigo mismo a lo largo de toda mi carrera. Este último tiempo sentía que mi cabeza iba más rápido que mi cuerpo y por ahí no me estaba dejando disfrutar del baloncesto como realmente uno lo siente. Y eso me estaba haciendo cambiar hasta el humor y por ende perjudicando hasta a mi entorno. Creo que tomé la decisión en el momento justo. Es bueno darse cuenta de las cosas y decir "hasta acá fui", y que no te retire el mercado. Siempre en mi carrera hice lo que quise y en base a esto, tomé la decisión.

- ¿Cuándo debutó en Primera?

- Eso es algo que no lo tengo muy claro. Fue a los 16 o a los 17. Sé que debuté en la cancha de Atenas, había terminado el campeonato de Menores y me subieron al Primero. Jugué un partido en Reserva y al siguiente debuté en Primera División. Recuerdo de ese partido que me fui solo para hacer una bandeja y la erré, pero la emoción era tan grande que llegué a casa y me miré al espejo con la camiseta y no lo podía creer. Uno de los objetivos que me había marcado a largo plazo, ya lo había cumplido.

- ¿Por qué el básquetbol?

- Muchos amigos míos y gente que me conoce de chico dicen que me equivoqué, que debería haber jugado al fútbol, pero son cosas que se van dando en la vida. Mi padre era bancario y yo salí jugador de básquetbol. Lo que más influyó es que vivía en la esquina del Club Malvín, me crié ahí adentro y empecé a encontrar algo que me hacía sentir pleno y que despertaba mi orgullo y mis ganas de llegar a algo, y cuando muchos decían que era bajo y no podía jugar, también despertaba cierta rebeldía en mí. Todo eso me impulsó y creo que por suerte no elegí mal. Si volviera a nacer, elegiría lo mismo.

- ¿Cuál fue su debut en la selección mayor?

- Oficialmente no lo recuerdo bien. Creo que mi primer partido fue un amistoso ante Argentina en una gira. Fue en el torneo Sudamericano de Valencia en 1991.

- ¿Qué recuerda de su pasaje por equipos del exterior?

- Fueron experiencias todas positivas. De repente, si hubiera sido éste el momento, por la integración que hay en el mundo, mi suerte hubiera sido distinta. La llegada de un uruguayo era cosa nueva. Pero las cosas que pasaron en Europa me dejaron algo que terminaron de fortalecerme como jugador y como persona. Por ahí en el debe queda el no haber accedido a jugar en un equipo importante europeo, pero eso, conociendo como se manejan esas cosas hoy en día, no dependía de cómo jugara al básquetbol. Paso raya y fueron todas positivas, quizás la más, la de León en España porque ahí nació mi hijo Lucas.

- ¿Qué significó para usted ser campeón con Uruguay?

- Para mí fueron de las cosas más importantes que me pasaron en mi carrera como profesional. Me ha tocado ganar títulos, pero con la selección es lo máximo. Yo siempre dije que el equipo que más me gustaba defender era la selección y no es un cuento ni nada que suene bien al oído de nadie, lo sentía. En los grupos de la selección que integré siempre me sentí comodísimo y ser campeón con Uruguay afuera era lograr algo que unos años atrás era impensable. En el Preolímpico de Portland no quería salir de la habitación luego de haber perdido por 50 con Puerto Rico, y al poco tiempo estar ganando un campeonato, fue muy fuerte y muy importante, más que nada porque también estaba logrando cosas con gente que yo quería mucho. Ponerme la camiseta y ganar con Uruguay fue de las cosas más lindas de mi carrera

- ¿Es consciente que marcó un antes y un después en el básquetbol uruguayo?

- Sí, soy consciente que por ahí fui un abanderado por mis características de juego, porque muchos dijeron que mi velocidad ayudó para cambiar, pero no fui yo solo, porque la misma velocidad que tuve en el 95 de repente la tenía en el 92 y allí no se logró nada. Entiendo que no podría haber hecho nada si mis compañeros o el entrenador no compartían que habría que cambiar determinadas cosas. Lo que sí soy consciente es que toda mi vida en mi carrera me gustó transgredir y esa es una de las principales cosas. Yo sentía que en el mundo el básquetbol era otra cosa, no inventé nada, traté de poner lo mejor de mí, para mejorar.

- ¿Qué le dejó el básquetbol?

- Una forma de ver la vida. El básquetbol es nada más ni nada menos que mi espejo en la vida. El equipo, el compañerismo, el bien común, eso es el básquetbol y también la vida.

- Un mensaje final.

- Quiero agradecer a todos los que colaboraron en mi carrera y a todos los que me quieren bien, ya que fueron el motor de mi carrera.

Selección. Debutó en el combinado mayor con 21 años, luego de pasar por todas las selecciones juveniles.

Estrellas. Capalbo es tricampeón federal con Welcome, equipo al que se vinculó en 1997. Fue figura en un equipo plagado de estrellas.

Histórico. Con la camiseta de Defensor Sporting, Capalbo se coronó campeón del último campeonato federal (03´) que se disputó en Montevideo.

Las Cifras

6 PAÍSES tuvieron a Capalbo en sus

canchas como jugador. Uruguay, Argentina, Grecia, España, Italia y Chile vibraron con el base celeste

5 TITULOS de campeón federal obtuvo en Uruguay. Uno con Hebraica y Macabi, tres con Welcome y el último de la historia con Defensor Sporting

2 TÍTULOS de campeón sudamericano obtuvo con la selección. En el año 1995 en Uruguay y en 1997 en Venezuela

6 CAMISETAS defendió Marcelo Capalbo en Uruguay: Malvín, Hebraica y Macabi, Welcome, Defensor, Olimpia y Soriano

20 AÑOS jugó Capalbo en Primera División. Se inició en el año 1987 en Malvín y su último equipo en la temporada 06/07´ fue Soriano BBC

Uruguay. En lo local marcó un antes y un después

Marcelo Capalbo debutó en Primera División en el año 1987. Lo hizo en Malvín, su club de origen y del cual es hincha. Allí estuvo hasta 1992, porque pasó a Hebraica y Macabi para coronarse campeón federal en 1994. En 1997 llegó a Welcome y salió campeón ese año, en 1998 y en 2000. En el año 2001 regresó por un corto pasaje a Malvín. Tras un par de años en el exterior llegó a Montevideo para jugar el último federal de la historia en Defensor Sporting en el año 2003. Con el fusionado obtuvo dicho título y jugó también la temporada de 2004. En 2005 jugó la Liga en Olimpia y cerró su carrera en Soriano.

Exterior. Varios equipos contaron con su concurso

El talento de Capalbo se paseó por canchas de todo el mundo. En el año 1996 tuvo su primera experiencia en el exterior defendiendo al Larisa de la liga Griega. Al año siguiente jugó en el Fuenlabrada de España y en 1999 pasó por dos ligas, en España estuvo en León y en Argentina vistió la camiseta histórica de Ferro Carril Oeste. En el año 2001 comenzó su periplo por Italia donde jugó en el Linetex Imola en la serie A1. Luego fue a Murcia y volvió a Italia a jugar en Virtus Rietti. En el año 2003 jugó en D´Orlando de Italia y en Brindisi. El 2004 lo tuvo en Liceo Mixto de Chile.

Selección. Con la celeste también fue campeón

La "celeste" fue la camiseta más querida por Marcelo Capalbo. Con la selección debutó en 1991 y siguió hasta el Sudamericano de 2004. Con la camiseta uruguaya ostenta dos sudamericanos, el de Montevideo en 1995 y el de Venezuela en 1997, uno de los títulos que más disfruta el base. También jugó torneos Panamericanos, premundiales, preolímpicos y, por supuesto, encuentros amistosos. Su amor por la celeste lo llevó a vestir dicha blusa por 13 años en forma ininterrumpida.

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