Consejos para evitar el apetito emocional

Preventivos en lesiones deportivas.

Impacto causó la idea de una empresa de lanzar una lotería que ofrece 6 mil libras para hacerse una cirugía estética. Los médicos ingleses calificaron la iniciativa como mero marketing inescrupuloso y aconsejaron conocer los límites de los procedimientos antes de someterse a ellos.

Ser mujer perjudica la salud.

Un informe elaborado por el Ministerio de Salud de España, afirma que la mujer vive más tiempo, pero en peor estado de salud que el hombre. El género femenino es más proclive al contagio por sida, consume más fármacos, padece más estrés y obesidad, y duerme menos. Todas características que atentan contra la calidad de vida.

Incluir alertas en la publicidad.

Los médicos españoles pidieron que se incluyan alertas sanitarias en la publicidad y el etiquetado de productos alimenticios que puedan provocar sobrepeso, como fórmula para combatir la obesidad. Dichos comestibles deben lucir una etiqueta expresando: "El consumo irresponsable de este producto puede provocar obesidad".

MARTHA AGUIAr

Muchas personas recurren a la comida para reconfortarse, consciente o inconscientemente cuando enfrentan un problema difícil . Pero el comer por razones emotivas - para suprimir o suavizar emociones negativas como el estrés, el enojo, la ansiedad, la tristeza y la soledad, pueden sabotear los esfuerzos para mantener un buen peso.

A menudo, esta forma de comer lleva a ingerir demasiada comida, especialmente las de muchas calorías y alimentos dulces, demasiado salados o con alto contenido en grasa. Pero la buena noticia es que si uno tiene inclinación por esta forma de comer, puede tomar medidas para retomar el control de sus hábitos alimentarios y ponerse en marcha para lograr sus objetivo de pérdida de peso.

¿Por qué las emociones negativas llevan a comer mucho más? Algunos alimentos tienen cualidades adictivas. Cuando uno saborea chocolate, por ejemplo, el cuerpo libera cantidades mayores de sustancias narcóticas que brindan sensación de satisfacción. Frente a una situación de tristeza, el individuo busca compensarse con alimentos que le resulten gratificantes de modo de equilibrar la balanza emocional. "Mientras como el chocolate, me siento bien", sería el razonamiento.

Esa necesidad de sentirse recompensado puede reforzar la preferencia por alimentos que están conectados con sensaciones agradables, como los dulces, los snaks, las cremas, las harinas y similares.

La comida también puede ser una distracción. Si uno está preocupado por acontecimientos futuros o piensa reiteradamente en conflictos pasados, el comer alimentos que reconfortan puede consolarlo. Si además, la persona come frente al televisor, asocia dos hechos que lo entretienen y le ayudan a olvidar sus frustraciones. La TV y los alimentos basura, se potencian unos a otros.

Pero, cuando se termina de comer, la atención vuelve a las preocupaciones y uno puede ahora cargar con el peso adicional de la culpa por haber comido más de la cuenta.

A pesar de que las emociones intensas pueden disparar antojos por los alimentos, es posible implementar algunos pasos para controlar esos impulsos. Para ayudar a terminar con la costumbre de alimentarse en base a las emociones, es aconsejable que:

1) Aprenda a reconocer el verdadero apetito: ¿Es físico o emocional? Si uno comió pocas horas antes y el estómago no protesta, probablemente no tenga verdadero apetito. Dele tiempo al antojo, para que se le pase.

2) Identifique los detonantes: Durante los próximos días escriba lo que comió, cuánto comió, cuándo lo hizo, cómo se sentía en esa ocasión, y cuánta hambre sintió. Con el tiempo puede descubrir algunas conductas alimentarias negativas que se repiten una y otra vez.

3) Busque en otro lugar para reconfortarse. Camine, disfrute de una película, escuche música, lea un libro o llame a un amigo.

4) No tenga alimentos poco saludables al alcance de la mano. Tenga alimentos sin grasa y de bajas calorías como fruta fresca, jugos y yogures.

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