Todo un tema

El 22 de enero, en una reunión de trabajo de Alianza Nacional, se aprobó un documento presentado por el senador Sergio Abreu en donde se analiza la marcha del gobierno y el futuro próximo del país. Son muchos los analistas políticos nacionales que vaticinan -algunos lo afirman- un segundo período de gobierno del Frente Amplio. Entre las razones que sustentan ese pronóstico, se invoca la falta de renovación de los partidos tradicionales, a quienes se les atribuye, además, una labor política anodina en la oposición. Bajo esta perspectiva, la posible continuidad del actual gobierno se estaría asegurando más por descarte que por méritos propios.

Hablando del Partido Nacional, que todo indica habrá de ser nuevamente el que le dé batalla a la izquierda como alternativa posible de confrontación real, hemos dicho reiteradamente en esta página que no es cierto que en su seno no se esté experimentando un saludable proceso de renovación -no alcanzaría el espacio para dar los nombres de jóvenes dirigentes y legisladores que se están destacando- y que tampoco es justa la crítica que le atribuye una gestión opositora de poco relieve. El Partido ha hecho y continuará haciendo lo posible para enfrentar a un gobierno que utiliza su condición de mayoría absoluta para imponer su voluntad, en más de una ocasión llevándose por delante a la Constitución y a la ley. Y es gracias a la oposición que el país va tomando conciencia de la magnitud del error de un electorado que llevó al poder -en buena parte como opción de segunda mano haciendo valer un injusto voto castigo- a una mezcla de inexperientes, de autosuficientes mesiánicos, de socialistas fuera de época, de nostálgicos del comunismo liberticida, que ya sobre la mitad de su mandato están demostrando que están lejos de satisfacer las expectativas de algunos, negándole la razón a una voluntad de cambio impulsada ingenuamente por la convicción ilusoria de aquellos que esperaban algo distinto de lo que en definitiva es tarea para hombres y no para semidioses. Si se tiene en cuenta que la coalición de izquierda recibió un aluvión considerable de adhesiones que no le son genuinas sino ocasionales, y el peso de los motivos que tienen estas para comprender su error, no se justifica el porqué del pronóstico electoral comentado.

Es cierto, no obstante, que la oposición nacionalista debe despegarse más de la agenda política que le plantea el gobierno para proponer sus propios enfoques y programas. Ese aspecto de la cuestión lo destaca el documento de Abreu y es un detalle en el cual habrá que poner la debida atención porque tiene gran importancia. Sin perjuicio de ello, para barajar las perspectivas del Uruguay futuro, habrá que tener en cuenta también cómo se va decantando y evolucionando la interna del Frente Amplio. Y ese también es todo un tema, que de tanto en tanto plantea tensiones.

Dejemos de lado quién puede ser el candidato de la izquierda en las elecciones de 2009. Con ser un dato valioso el despejar esta incógnita -que incluye el eventual intento de reelección presidencial- no es, a nuestro entender, el decisivo.

Hoy en día, como culminación de un proceso que se arrastra de tiempo atrás, el Frente Amplio está partido en dos. A un lado, Astori con el apoyo de algunos. Al otro, la izquierda radicalizada, el Partido Comunista, los ultras. En el medio, haciendo de péndulo, el MPP, que es un frente chico dentro del frente grande, caracterizado por una fuerte diversidad en su integración. La mesa política del Frente Amplio, en ocasión de la firma del TIFA con Estados Unidos, le dictó normas al gobierno sobre cómo debe proceder en el futuro y le exigió ser consultada antes de la toma de decisiones. La admonición va dirigida a Astori, pero involucra sin duda al mismísimo Presidente de la República. En la emergencia, el MPP -verónica política mediante- evitó un pronunciamiento negativo de la mesa a la firma del Tratado. ¿Lo hará en otras circunstancias? ¿Qué puede suceder si Marenales, que tiene la mayoría dentro del MPP se le impone a Mujica y se vuelca a los radicales? ¿Quién puede garantizar que el gobierno de izquierda uruguayo no termine alineado con los castristas, con Venezuela, Bolivia, Ecuador, proponiendo el Socialismo del siglo XXI?

Sobran motivos para la preocupación. Vaya si será este un factor a tener en cuenta antes de hacer apuestas sobre el futuro electoral.

Sorprende que no lo sea.

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