GUSTAVO PENADÉS
Con la ausencia del Ministro de Relaciones Exteriores, se suscribió la pasada semana el TIFA. Podría interpretarse que con dicho acuerdo el Ministro Astori y el Presidente de la República salvan su honor, seriamente afectado cuando desde la propia interna frenteamplista se impidiera suscribir el TLC con los Estados Unidos .
Al respecto, parecen quedar para Vázquez y Astori dos caminos: uno pasaría por la desaparición del Ministro Gargano quien es la cara visible en el seno del Poder Ejecutivo la posición antiyanki y anti todo lo que no sea socialismo en versiones anteriores a 1990. El otro requeriría la inclusión del tema en un conjunto más amplio de puntos a negociar y una fuerte ofensiva dirigida a desgastar a los opositores más cerriles, impidiendo a la vez la cristalización del "bloque alternativo al Ministro de Economía". Conviene recordar que, tanto Astori como el Presidente de la República han dejado las puertas abiertas para retomar la negociación de un TLC con EE.UU. Si hacemos memoria, la firma del tratado de protección de inversiones con dicha nación llevó más de un año de discusión en el Frente Amplio, así que no debería sorprender que la firma de un TLC llevará mas tiempo. Además, nobleza obliga, ese sí que es un sapo difícil de tragar para muchos dirigentes frentistas, así que sería natural que se tomen tiempo para su deglución.
Pero mientras el oficialismo se toma sus buenos meses y años, el Uruguay queda de rehén de la errática política exterior del Gobierno. La tan celebrada entente regional de gobiernos progresistas no aguantó ni un año. Del idilio con Kirchner no quedó nada, a poco que Argentina decidió que sus intereses pasaban por caminos diferentes a los nuestros. Brasil, protegiendo como siempre sus objetivos, permanece al margen del diferendo con la Argentina y negocia según sus necesidades.
El primer escollo, Vázquez lo tiene en el Gabinete, pero no únicamente ahí. En toda la Administración hay una oscilación entre una obstinada apuesta a una inserción internacional del país que pase en primer lugar por lo ideológico, y otra que pone en primer orden de preocupación los temas comerciales. Tan disímiles visiones confluyen en que Uruguay aparezca sin rumbo, yendo a los bandazos y al socaire de las fuerzas políticas que más ruido puedan hacer. ¿Y quiénes salen perjudicados? Los uruguayos, como no podía ser de otra manera. Se están perdiendo oportunidades de que haya más trabajo y de que Uruguay sea un destino atractivo en la región. En tanto, Astori y Gargano juegan a quedar bien con los electores y Vázquez, en su rol de "El Supremo", alternativamente dispensa premios y castigos, conformando así a tirios y troyanos.
Por ahora la coyuntura internacional es inmejorable y el país puede soportar una política económica que está signada por una mayor voracidad fiscal y ausencia de políticas anticíclicas, en un esquema que -siendo mal pensados-- es funcional al futuro político del Ministro de Economía. Mientras la coyuntura internacional no registre grandes cambios la ausencia de una estrategia cierta de inserción comercial pasa inadvertida. Tal proceder, aunque en lo inmediato pudiera no tener repercusiones, necesariamente las tendrá en el futuro cuando el ciclo de bonanza termine.
Mientras tanto, lo que decíamos: muchos uruguayos pierden oportunidades de trabajar y se hipoteca parte del futuro nacional.