Apenas se conocieron las candidaturas para los Premios Goya, el apellido Almodóvar empezó a sonar una vez más con insistencia. El otrora irreverente y revoltoso director es ahora un famoso y consagrado autor de películas trascendentes y sus obras suelen ser recibidas como corresponde a ese prestigio. Pero desde hace algunos años, son cada vez más insistentes las críticas hacia su manera de conducirse en el negocio cinematográfico. Algunos le reprochan que haga valer su prestigio en desmedro de otros, como cuando Almodóvar dejó entrever su descontento porque la Academia española eligió Los lunes al Sol de Fernando León de Aranoa antes que Hable con ella para enviar a los Oscar, hace cuatro años.
Ventilar la vanidad, sin embargo, no es el mayor reproche que le hacen al manchego. Las críticas más duras provienen de aquellos que consideran que un multimillonario como él no debería recibir ayuda de fondos públicos para realizar sus películas. Él y su hermano Agustín son dueños de la productora cinematográfica El Deseo S.A., una empresa con ingresos que se cuentan por millones de euros, pero aún así reciben subsidios estatales para llevar a cabo rodajes. Esto indigna a mucha gente, que acusa a los Almodóvar de parásitos y aprovechadores. Sin embargo, los hermanos -a los que los detractores comparan con los desprestigiados Weinstein, capos de Miramax- pueden exhibir resultados concretos y contundentes para contrarrestar las críticas: sus películas no sólo son un éxito de público en España, Mujeres al borde de un ataque de nervios es la tercera película más vista en la historia española, sino también un renombre internacional para el cine ibérico que no tiene parangón. Claro, el precio por ese renombre, que no sólo se traduce en prestigio sino también en más producciones en tierra española, siempre es discutible.