Solapada declaración de amor

DIEGO FISCHER

Era demasiado delgado, con una cara muy angulosa y una nuez enorme que sobresalía de su cuello", me contó que fue su primera impresión. Transcurría 1934 y una historia de amor comenzaba a escribirse en Villa del Mar, una de las primeras casonas de la península, muy cerca del puerto.

"Pese a ser un adolescente, hablaba con mucha convicción de política con los tíos en la terraza principal", recordó. Y aunque la tarde en que lo conoció no le pareció para nada el muchacho buen mozo del que tanto le habían hablado, sí le impresionaron sus "ojos castaños verdosos y unas enormes pestañas que irradiaban alegría".

Al día siguiente, él cumplió 16 años y ella que aún no había celebrado sus 15 -previa autorización de su madre- le preparó una torta de chocolate. Hoy se puede afirmar que aquella torta de chocolate fue casi una solapada declaración de amor.

No obstante, debieron pasar tres años antes de que los jóvenes se reencontraran y formalizaran el noviazgo. Fue en 1937 y en Punta del Este. Desde entonces y durante 51 años estuvieron siempre juntos. Se enamoraron contemplando atardeceres en la vieja playa Mansa y bailando en Le Nid canciones de Charles Trenett .

Ya casados y durante 25 años, veranearon en San Rafael. En una casa en cuyo jardín él plantó tres robles : uno por cada uno de sus hijos. Quiso el destino que lo último que contemplaran, antes de partir al exilio en junio de 1973, fuera Punta del Este.

Sí, hablo de Wilson Ferreira Aldunate y de Susana Sienra. Hoy, 28 de enero, fecha en que Wilson hubiera cumplido años, es una historia que vale la pena recordar.

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