La selección Sub 20 de Uruguay ya está dentro del campeonato Mundial que se llevará a cabo en Canadá. Para ello alcanzaba -y se alcanzó- ubicarse entre los cuatro primeros del sudamericano que se disputa en Paraguay. Lo hizo de manera inobjetable, con momentos de muy buen fútbol y también -algo que es imprescindible para las grandes conquistas- con la ayuda de la suerte, como ese agónico gol contra Chile.
Pero ahora falta el plato fuerte, que es sacar su pasaje para Beijing 2008 y participar en los Juegos Olímpicos, algo que no ocurre desde el lejano 1928. Esos Juegos tienen un gratísimo recuerdo en la historia del fútbol y del deporte uruguayos: fueron las únicas medallas de oro que se han logrado (junto con el de 1924) y catapultaron a nuestro país a la categoría de potencia mundial en esa especialidad.
No hay dudas de que la mayor alegría sería entrar por la puerta olímpica como campeones sudamericanos. Pero esa posibilidad -a esta altura- no depende exclusivamente de los celestes, sino también de otros resultados (Brasil). Mientras que la clasificación -van los dos primeros- sí es responsabilidad propia. No hay necesidad de mirar para los costados ni especular con otros desenlaces: a suerte y verdad, los uruguayos dependen de los uruguayos, de su fuerza, de su talento y, si fuera necesario, de su suerte.
La tarea no es sencilla y el desafío es grande. A su frente tendrá nada menos que a un rival tradicional, como es Argentina, que hace años que integra la elite del fútbol mundial. Pero Uruguay presenta, como pocas veces, una generación de muy buenos jugadores, conscientes de sus responsabilidades, con hambre de victorias y con condiciones para obtenerlas. Atrás, hay un cuerpo técnico que se ha manejado con sabiduría y astucia, y ha sabido amalgamar y explotar las mejores características de sus futbolistas.
Si esos componentes se mantienen hoy en el Defensores del Chaco, Uruguay estará regresando el año que viene, tras un paréntesis de 80 años, a los Juegos Olímpicos. Los mismos que fueron cuna de sus grandes hazañas.
No pedimos milagros: alcanza con que jueguen bien para lograrlo.