Estados buscan, en sector privado, la manera de lidiar con sus presos

Tendencia. Cárceles privadas, cada vez más aceptadas pero un tema difícil

THE ECONOMIST

Cuando Gran Bretaña dejó de enviar sus presos a la colonia en América en 1775, debió encontrar una nueva manera de lidiar con los reos. Así que los puso en barcos que flotaban sobre el Támesis y cuyos dueños cobraban por el servicio.

Años después una nueva colonia penal en Australia alivió la medida y las prisiones se quedaron en control del Estado, al menos donde los estados existen, durante dos siglos.

Ahora se vuelve para atrás. Estados Unidos presentó la idea de prisiones privadas en la década de 1980; entonces los europeos odiaron el concepto de vender una de las funciones más sensibles del Estado. Pero gradualmente, cada vez más países empiezan a aceptar la idea que el encarcelamiento -siempre en base a las leyes del Estado- es una de las cosas que el sector podría hacer de manera más eficiente.

El concepto, primero se expandió por el mundo anglo-parlante. Después llegaron los franceses con sus cárceles semi-privadas, en las que el Estado sólo aporta los guardias; ahora se planean cárceles privadas o semi-privadas en países que van desde Dinamarca a Hong Kong. Un número creciente de países pobres están buscando nuevos modelos, más baratos y mejores para acomodar a sus presos.

El mundo desarrollado lidera el camino. Más del 17% de los presos australianos están en cárceles privadas, dice Stephen Nathan, el editor de Prision Privatization Report International. Después viene Gran Bretaña con 10% y Estados Unidos, 7%. Esos mercados están dominados por grandes firmas de servicios carcelarios como GEO, MTC y Serco, que aseguran que las cárceles privadas son mejores, más baratas y más responsables en cuanto a construcción y gerenciamiento.

Los países en desarrollo buscan otras variantes. En América Latina, el gerenciamiento de las prisiones ha sido tercerizado a contratistas privados, organizaciones sin fines de lucro e incluso a grupos religiosos. En Belize, miembros del Rotary Club ayudan a manejar una prisión. Los que proponen cárceles privadas en Sudáfrica dicen que están menos atiborradas que las del gobierno, y mejor equipadas para darle educación y entrenamiento a los detenidos. También están mejor preparadas para limitar la influencia de las pandillas y así prevenir las riñas, los asaltos sexuales y las enfermedades venéreas. El semi-privatizado modelo "europeo" está en muchos lugares. Chile ha sido bastante afín a ese acercamineto: recién abrió tres nuevas prisiones semi-privatizadas. Seis de los 27 estados de Brasil tienen cárceles semi-privatizadas.

Más allá de condiciones a veces horrorosas y recientes epidemias de violencia entre los reos, algunos lugares de Brasil son considerados innovadores en gerenciamiento de prisiones. Más de 20 pequeñas cárceles en San Pablo son manejadas en conjunto por el Estado y organizaciones no gubernamentales (ni una de ellas fueron alcanzadas por los recientes motines). Fiona Macaulay, una especialista en América Latina en la británica universidad de Bradford, dice que son menos costosas que las públicas y que tienen menos reincidencia. Un régimen basado en la fe, conocido como Asociación para la Protección y Asitencia al Convicto, se está llevando a cabo en Brasil por 30 años, y ahora ya está en 14 países; también dice tener menos índice de reincidencia.

Comparar prisiones es delicado, y eso da munición a los críticos de las cárceles privadas. Argumentan, plausiblemente, que las grandes compañías que manejan prisiones distorsionan el sistema de justicia criminal haciendo lobby para que haya sentencias más duras. "Hay que expandir el mercado, hay que llenar las camas", dice Nathan.

La Suprema Corte está considerando una demanda de opositores a una cárcel privada para 800 presos que se construye en Be`er Sheva, que aseguran constitucional. Mientras tanto algunos gobiernos lo están pensando dos veces. Canadá y Nueva Zelandia ya revocaron decisiones a favor de privatizar.

Bajar los costos a través de la privatización, es una opción atractiva; pero cerrar el negocio adecuado con proveedores privados de un servicio tan crucial es difícil, y el precio de un error es demasiado alto.

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