SERGIO ABREU
La Corte Internacional de Justicia (CIJ) emitió ayer su ordenan- za sobre el pedido de medidas compensatorias solicitadas por Uruguay por los cortes de ruta argentinos. El fallo ha sido contrario a la posición uruguaya.
Uruguay basó su solicitud en que los cortes de ruta tienen una conexión "directa, inmediata e indisociable" con el fondo del asunto; y que Argentina, mediante los cortes permitidos perseguía el mismo objetivo que no alcanzó en la solicitud de medidas provisionales y en el Tribunal ad-hoc del Mercosur; esto es que la construcción de la planta no siguiera adelante.
La CIJ no hizo lugar a ninguna de las tres medidas pedidas por Uruguay. En concreto, por 14 votos contra 1, dictaminó que "las circunstancias tal como se le presentan en la actualidad no son tales como para ejercer su poder para dictar medidas provisionales".
En lo que hace al centro de la solicitud, entendió que la construcción de la planta avanzó y que los cortes de ruta no producen un riesgo de un perjuicio irreparable a los derechos de Uruguay.
El fallo de la CIJ nos duele, no sólo porque se rechaza la pretensión uruguaya en una causa que consideramos justa, sino porque es el resultado, también de un fallo estratégico, jurídico y político de nuestra política exterior.
En lo estratégico, la repercusión negativa es más importante. Los piqueteros y el Gobierno argentino se respaldarán en esta medida para interpretar que sus pretensiones han sido legitimadas. La posición de Uruguay se verá debilitada dentro del Mercosur, ya que se aducirá que los mismos argumentos que la CIJ no recibió para dictar su ordenanza pueden ser también aplicables en el ámbito regional para facilitar el reiterado incumplimiento argentino.
La realidad nos muestra que ahora debemos recomponer nuestra estrategia. O finalmente tener una. La defensa del interés nacional necesita de profesionalidad, respaldo institucional y político, coherencia, firmeza e imaginación. Esperamos que lo positivo de este traspié sea un nuevo punto de partida que modifique las estrategias equivocadas. Y no la renuncia a la defensa de los intereses nacionales buscando acuerdos surgidos de nuestra fragilidad.