PABLO ANTÚNEZ
En 2006 el servicio veterinario oficial atendió 14 sospechas de enfermedades vesiculares -entre las que se incluye la fiebre aftosa- que finalmente fueron desestimadas según afirmó Ricardo Pérez Rama, director de la División de Sanidad Animal.
Las denuncias se desperdigaron por todo el país aunque la mayoría se dio al sur del río Negro. Las sospechas declaradas estuvieron en Cerro Largo (1), Colonia (3), Durazno (1), Montevideo (1), Río Negro (1), Rivera (1), Rocha (2), Soriano (3) y Tacuarembó (1).
La cantidad de denuncias de sospechas de enfermedades vesiculares -entre las que se incluye la fiebre aftosa- cayó levemente en 2006 si se compara con aquellas registradas durante el 2005.
En el mismo período del 2005 se verificaron 19 sospechas, también desestimadas. De todas las denuncias registradas durante 2005, una en Salto le puso los pelos de punta al sistema, que llevaron a que se tomaran medidas de inmediato hasta tener la confirmación clínica por laboratorio. Ese año además se dieron dos en Artigas, dos en Colonia, cuatro en Durazno, dos en Florida, una en Maldonado, cuatro en Pay-sandú, tres en Rocha y dos en Salto.
Generalmente la mayoría de las sospechas que surgen se deben a un hongo que crece a la sombra de los eucaliptus que causa lo que se conoce como "bocopa" (lesiones en la boca, la cola y las patas de los animales). Sin embargo, el año pasado no se registraron casos de "bocopa", que generalmente aparecen desde enero hasta abril, cuando hay muchas lluvias y calor que favorecen el crecimiento del hongo.
Durante 2006 hubo sospechas ocasionadas por la verificación de lesiones en la boca (los animales se lastiman al comer), fotosensibilización y dermatitis en las patas.
A MEDIDA. "Más vale prevenir que curar", dice el dicho. Y eso la ganadería uruguaya lo sabe bien luego de haber sido sacudida en el 2001 por la última epidemia de fiebre aftosa que derribó los mercados para la carne vacuna, incluso la termoprocesada.
Hoy, pese a que el fantasma de la aftosa ya no merodea los establecimientos agropecuarios uruguayos, los ganaderos y el servicio sanitario están decididos a no darle tregua alguna.
Para mantenerlo alejado funciona el Sistema de Prevención Epidemiológica del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. Mediante este mecanismo, los ganaderos y veterinarios privados denuncian activamente las sospechas de enfermedades vesiculares cuando aparece un animal con síntomas clínicos compatibles con este tipo de patología.
El sistema de prevención funciona a medida. "El promedio máximo de tiempo de atención de cada sospecha fue de entre 2 y 4 horas", confirmó Pérez Rama.
Hay tres tipos de sospechas: la desestimada, aquella que cuando el veterinario ve los animales -por los síntomas clínicos- la aclara de inmediato y la dudosa cuando el diagnóstico clínico ofrece reparos y se confirma la enfermedad por resultado de laboratorio. También está la fundamentada, cuando la confirmación del diagnóstico visual y el del laboratorio llegan al mismo resultado y se dispara el sistema de emergencia.
ventaja. Los técnicos de los servicios veterinarios departamentales del Ministerio de Ganadería tienen toda la información al instante para tomar mejores decisiones si hay que interdictar el predio o revisar rápidamente otros animales que hayan sido movilizados desde el establecimiento en cuestión hacia otros.
El técnico puede entrar a un programa en Internet y apretando un botón de la computadora accede a toda la información del predio. Luego imprime un formulario y va a revisar los animales completando los datos para hacer posteriormente el formulario epidemiológico que es ingresado al sistema.
De este modo, desde cualquier departamento se puede acceder a toda la información de la sospecha y su atención con tan sólo mover un dedo.
En 2006 el gobierno puso énfasis en la política sanitaria en torno a la prevención de la aftosa, principalmente en zonas de frontera. En este sentido se establecieron líneas de acción sobre cómo evitar el ingreso de la enfermedad a través de cerdos alimentados en basurales. Esto implica un riesgo muy alto para la introducción de la aftosa al país, teniendo en cuenta que el cerdo no está sometido a vacunación y es vector de la enfermedad.
Claves de la enfermedad en Uruguay
El último foco de fiebre aftosa conocido en el Uruguay se registró en 2001. Tuvo origen en el departamento de Soriano, fue causado por virus de tipo O y generó 2.020 nuevos focos en todo el territorio que fueron rápidamente controlados por las autoridades sanitarias.
Actualmente Uruguay está categorizado como "país libre de aftosa" aunque con la aclaración de que todavía aplica vacuna. El status sanitario está reconocido por la Organización Internacional de Sanidad Animal (OIE).
Para demostrar la ausencia de la enfermedad, el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca impulsa una serie de sangrados sobre las especies bovinas y ovinas. En la primera, mide la cantidad de anticuerpos de los animales que les aporta la vacunación.
Los ovinos no se inmunizan y como pastorean en el campo junto a los lanares, son los mejores centinelas. Al carecer de protección vacinal en caso de que hubiese una amenaza viral serían los primeros en enfermarse, lo que los convierte en una prueba valiosa.