La sociedad moderna por múltiples circunstancias tiende a ser más violenta y propicia al delito que en el pasado. Por otra parte la omisión del Estado en el ejercicio de la autoridad -tanto en la prevención, como en la represión del crimen- alimenta al infinito la tentación a delinquir.
Una de las peores medidas que adoptó la actual administración en este aspecto, fue la de eliminar las detenciones en averiguación efectuadas por la policía, que tenían una importante capacidad disuasiva, en la medida que permitían tomar medidas anticipadas, respecto de quienes se advertía estaban en actitud de disponerse a actuar ilícitamente. Y ello, dentro del marco legal de garantías previstas por el ordenamiento jurídico democrático.
Desde que el frenteamplismo se instaló en la Intendencia Municipal de Montevideo la constante fue la de dejar que cualquiera hiciera lo que quisiera, con acento en medidas represivas abusivas contra el ciudadano común como Autoparque y los cepos.
A lo anterior, se sumó el caos de los ambulantes. Anarquía total al principio y caos organizado después, llevaron a que la Ciudad Vieja se transformase en un fantasma vacío y ruinoso y a que -lo que no pasa en ningún lugar razonablemente civilizado del mundo- nos quedásemos sin avenida principal. 18 de Julio, pasó a ser un lugar sucio y desprolijo, adornado por tolderías en las que se venden artículos de cualquier índole, y de otros habitáculos similares instalados en alrededores -Plaza de los Bomberos, monumento a Oribe, cercanías del Banco de Previsión Social, etc.- que no dan ganas ni de hablar.
Más allá de la gente que busca un sustento legítimo para sí y familia, el sistema conlleva a la destrucción del comercio establecido y a la promoción de cualquier tipo de actividades non sanctas, ajenas a cualquier control eficiente, cuestión que contribuye a alimentar la delincuencia.
Naturalmente, hay otros aspectos en la raíz del tema. Esto es populismo. El reparto de chapas de taxímetro, de puestos de ambulantes y chorizos, de permiso a los hurgadores, la promoción del Carnaval militante, etc., es una nueva forma de clientelismo político que se suma a todos los demás negocios y favores burocráticos que dispensa el coloso del ladrillo capitalino.
En los Estados Unidos de Norteamérica, país líder del mundo en casi todos los sentidos -dejando a un lado su acción política internacional que genera rispideces y controversias- se produjo notoriamente una de las acciones de combate a la delincuencia más eficientes de la hora contemporánea. Estuvo a cargo del alcalde Rudolph Giuliani. Su gestión se conoce como "el milagro de Nueva York". En cinco años, la urbe más poblada del mundo vio reducirse la delincuencia a la mitad.
Parte de la filosofía que inspiró tan monumental éxito se basaba en "las ventanas rotas". Consiste en sostener que -por ejemplo- si un grupo de menores en un barrio rompe vidrios de un inmueble o de otro bien, y se les deja actuar sin límites, y si no se reparan inmediatamente los cristales rotos y se les detiene y sanciona inmediatamente, todo el inmueble y después todo el barrio será saqueado y caerá en manos de bandas que la policía no podrá controlar y que, terminarán persiguiendo a su vez a la propia policía.
Acá, la autoridad del Estado ha sido diluida irresponsablemente en todos los terrenos. Y vale para las ciudades y el interior ¿Nadie ha oído acaso del robo de ovejas? El gobierno no.
RICARDO REILLY SALAVERRI