El mundo cabe en una película

Matias Castro

El título de la película alude a la archifamosa construcción bíblica en la que se hablaban todas las lenguas. Acá no están todas (para hacer justicia faltaría el chino, que es el idioma más hablado), pero la historia no está tan lejana de esa imagen bíblica. No contentos con la metáfora, el director, Alejandro González Iñárritu (Amores perros, 21 gramos) y su guionista, Guillermo Arriaga (ídem), brindan dos lecciones morales.

Pero como es muy probable que estas dos lecciones sean más bien cosas que ellos reflexionaron (sobre todo el director, a partir de la muerte de su hijo), la moraleja no está explícita. Afortunadamente para el espectador, ninguna valoración sobre las armas o a la relación padres e hijos, estropea la historia.

El equipo del director y su guionista van alternando segmentos que no necesariamente ocurren a la vez (cosa que causa un par de sorpresitas). Astutamente, al cerrar una secuencia y abrir la siguiente, juegan casi siempre con similitudes (niños que corren) y contrastes (a través de la música y los sonidos), dándole cierta unidad "babélica" a los sucesos que ocurren en Marruecos, México, Japón y Estados Unidos. La música, sutilmente, y las imágenes de la televisión, explícitamente, refuerzan esto. Todo termina armando una historia en la que, como en la canción Todo se transforma de Jorge Drexler, un rifle de Japón es vendido en Marruecos, con consecuencias en Estados Unidos y México.

BABEL

Ficha: Estados Unidos, México. 2006. Dirección: Alejandro González Iñárritu. Guión: Guillermo Arriaga. Música: Gustavo Santaolalla. Fotografía: Rodrigo Prieto.

Intérpretes: Brad Pitt, Cate Blanchet, Rinko Kikuchi, Gael García Bernal, Adriana Barraza.

Atención a...

La arriesgada actuación de la debutante Rinko Kikuchi, que protagoniza la historia en Japón, como una adolescente sordomuda.

Las actuaciones de los niños marroquíes, ambos sin experiencia.

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