Cocina y arte para paladares de licencia

Opciones. Platos como en casa, comida lenta y pintar degustando alguna delicia

CATERINA NOTARGIOVANNI

Vacacionar es también darle más propuestas al paladar. Una recorrida por Punta y José Ignacio muestra tendencias en materia gastronómica: la comida lenta, platos como hechos en casa, la cocina de autor y hasta pintar o descargar energías.

A los que están por Punta en estos días, lo que sobra es tiempo libre y también algo más de dinero para salir.

En la puerta de entrada del restaurante Nonna Queta hay un cartel que advierte al cliente sobre las características de la propuesta. Dice: slowfood, lo que en español significa "comida lenta". Es una tendencia que nació como contrapartida de la "fast food", y que apela la cultura del placer basado en la lentitud, en el tomarse tiempo para disfrutar de la comida, y en producir los alimentos de una manera más amigable con el medio ambiente.

Ricardo Eguia (47) es el propietario y chef del restaurante. En la cocina utiliza las recetas de su abuela genovesa Enriqueta (de ahí el nombre) pero adaptada a los tiempos de cocción modernos. Allí toda la comida se hace en el momento, incluso las salsas. "Acá el cliente sabe que el plato es realizado en exclusividad para el cliente, ese es el valor agregado que ofrecemos", explica. El plato que más le gusta cocinar es el risoto y la carne que se ofrece es un "orgullo".

Ricardo y su esposa son viajeros frecuentes y conocieron la filosofía slowfood en Italia, de donde es originaria. Los clientes europeos y los brasileños son los que más valoran la propuesta. Los argentinos son "más apurados y exigentes", pero también disfrutan de los platos.

La idea de utilizar la marca slowfood -que según supo El País es una marca registrada cuyo nombre no puede ser utilizado con fines comerciales- sobrevino como forma de que cuando el cliente entra ya sabe que la espera será compensada con un plato de calidad. "El cliente entra, se relaja, y se toma un trago de obsequio de la casa". La espera es acorde a los tiempos de cocción. Un risoto, por ejemplo, lleva 20 minutos y no hay vuelta.

DHARMA. Las personas que gusten del arte, la comida casera (homemade, como indica la tendencia) y el aire de campo pueden conjugar esos tres elementos en Dharma, Casa de Té y Restaurarte. Ubicado cerca del kilómetro 175,5 de la ruta 10 (entre Buenos Aires y La Juanita), este lugar ofrece a los clientes la posibilidad de tomar el té o cenar y, al mismo tiempo, dejar salir la veta artística pagando un "art pack" de U$S 20 por el cual recibe los materiales necesarios para crear.

Ambientado con sillas, sillones, camastros, camas, y un intenso aroma a inciensos, el lugar está pensado "para la creatividad". Frente al porche de la casa hay más mesas, un rincón infantil con casita de madera, un espacio de arte para niños (donde pueden incluso pintar las paredes), un meditatario para recargar los chacras, un fogón y un lago que es posible recorrer en bote. Además hay a la venta jeans con detalles pintados a mano a un valor de $2.400.

El menú incluye pizzetas integrales, ensaladas, verduras cocidas, ternera y cordero con boniatos preparados en horno de pan, tartas dulces frutales, licuados y muffins de avena, entre otros. El ticket es único, U$S 20, y el servicio corre por cuenta del cliente (autoservicio). "La idea es que acá las personas son libres de hacer lo que gusten", explica Pato, la dueña. El paquete artístico de los niños vale U$S 10. Si un adulto gusta de tomar el té y pintar, el costo baja a U$S 30.

La ventaja del lugar es que los niños pueden quedar sin vigilancia mientras los grandes cenan o pintan. Además está el meditatario, un octógono energético, donde se puede estar un tiempo mínimo de 15 minutos y máximo de una hora.

O`FARREL. "Ta bonito", exclamó un cliente brasileño no bien puso un pie dentro de O´Farrell Restaurant. Excelente descripción para un lugar cuya decoración invita a instalarse.

Finamente cuidado en todos los detalles (como por ejemplo una hoja de laurel en las servilletas de modo de insinuar una fragancia agradable), el restaurante ofrece cocina de autor con "toques franceses mediterráneos modernos".

El menú incluye delicias como mollejas crocantes a la parrilla con langostinos preparado con ensaladas verdes, pastas con tomates ahumados al horno de barro con crema de leche y quesos italianos, y frutas cocidas en horno de barro con azúcar negra y helado (casero) de canela. Allí se utilizan productos frescos de temporada y el 75% de los platos se elaboran en el momento. Los precios oscilan entre $110 y $450.

El lugar es regenteado por un matrimonio argentino, Pamela y Hubert O´Farrell, que no sólo se encargan de preparar los platos (Hubert es chef y Pamela aficionada) sino que además seleccionan ellos mismo los insumos para la cocina: "es divertido cuando uno elige los productos", explica Pamela. O´Farrell ofrece una carta de vinos con 150 etiquetas de zonas tan disímiles como Canelones, Mendoza, Patagonia, Salta, San Juan, Rivera, Australia o Nueva Zelanda.

La consigna es priorizar la calidad por sobre la cantidad, por eso tiene 20 mesas y atienden un promedio de 40 cubiertos por día. "Nos gusta que la gente esté relajada", dicen.

¿Dónde es?

Nonna Queta Ristorante & Bar. Dirección: Ruta 10, frente a la estación Ancap de La Barra. Teléfono: (042) 770524.

Dharma, Casa de Té y Restaurarte. Dirección: Camino Medellín a tres kilómetros de la Ruta 10, a la altura del kilómetro 175,5. Teléfono: (042) 775140 o (099) 255033.

O´Farrell Restaurant. Dirección: Calle Punta del Este. Ruta 10, km 164,5. Teléfono: se reciben reservas por el (042) 774331.

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