La presión alta no es buena cosa y en el fútbol tampoco. Quien soporta más presión o quien "mete" más presión son frases hechas que suenan a diario.
Pues bien, ha llegado el momento de controlarla. El sábado Danubio se va a Belvedere a enfrentar a Liverpool un equipo aguerrido, fuerte, compacto y que no le dará ventaja alguna. Presión extra para el líder, acosado por su condición de tal por lo que no puede tener fallas.
El domingo es el gran clásico el que se jugará con vientos cambiantes. Como consecuencia de las últimas performances son los peñaroles quienes llegan con puntos a favor en la tabla de los favoritos.
Gregorio Pérez fue acomodando las piezas en el tablero y ha logrado un rendimiento oscilante entre virtudes y errores pero con un claro convencimiento que puede llegar a las metas que parecían tan lejanas. Tiene la obligación de ganar para seguir pensando en el título y para romper con una hegemonía del rival.
Su adversario llega maltrecho con picos de presión muy altos fruto de pasar de la euforia a la depresión como consecuencia de su eliminación en la Sudamericana. Llega al partido con menos responsabilidades porque gane o pierda lo único que le queda es ser campeón del Clausura. Claro que si derrota al rival eterno terminará mejor el año.