DANIEL HERRERA LUSSICH | CORRESPONSAL PERMANENTE | EL PAÍS EN WASHINGTON
George W. Bush y su esposa Laura Bush han salido al ruedo partidario en un último intento, a solo seis días de las elecciones legislativas, para evitar lo que amenaza como una segura catástrofe para la Casa Blanca. El próximo martes 7 de noviembre se renovará la totalidad de la Cámara de Diputados (435 miembros) y un tercio del Senado (33 del total de 100 bancas), cuya mayoría absoluta detentan los republicanos desde 1994.
Desde hace una semana Bush y la primera dama recorren los territorios más amigos, hasta hace poco tiempo de amplias mayorías republicanas, para pedir el voto a favor de los candidatos oficialistas y recaudar fondos millonarios para la campaña que se define como la más costosa en la renovación del Congreso de toda la historia. El gasto se ubica en alrededor de U$S 2.600 millones. En 90 visitas que ha llevado adelante Bush, en mitines, cenas, reuniones con empresarios, etc. lleva recaudados U$S 193 millones.
La unanimidad de las encuestas da una mayoría a los demócratas de hasta 23% en algunos Estados o distritos y hasta dos puntos de ventaja en aquellos del sur que son tradicionales bastiones republicanos.
Bush busca amainar el temporal, detener lo que daría la impresión de ser una ola avasallante de americanos descontentos, lo que de reflejarse en las urnas podría provocar una derrota categórica en Diputados si la oposición logra recuperar 15 asientos de los 230 en poder hoy de los republicanos (los sondeos adjudican entre 20 y 25 bancas que harán el trasiego del oficialismo a la oposición) y seis bancas todavía muy difíciles de desplazar de un partido al otro en el Senado.
Pero no hay duda que en Estados Unidos existe la idea de que las elecciones legislativas representan en el fondo un "referéndum sobre Bush" . Y el momento no podía ser peor para la Casa Blanca. El problema que más golpea las puertas de los americanos es la guerra de Irak. Y las noticias día a día son más negativas, no permiten el mínimo respiro. Oficialmente se daba ayer la noticia de 101 soldados estadounidenses muertos en lo que iba de octubre cuando las pantallas de la televisión ofrecían dos graves atentados suicidas que aumentaban las cifras a 103 y a su vez sumaban 12 iraquíes, entre ellos cinco niños, durante una boda de gente muy modesta. Estas aterradoras cifras se suman a los 655 mil civiles iraquíes muertos en lo que va de la guerra y a noticias que asombran al pueblo estadounidense, como la pérdida de control por el Pentágono de 14 mil armas que había entregado al ejército iraquí y se sospecha que pasaron a poder de las fuerzas insurgentes.
Aun con ésta cruda realidad el presidente Bush y sus más altos colaboradores embisten con dureza contra los demócratas afirmando que "el objetivo que tienen es salir de Irak, la visión de ellos se reduce a sostener que los terroristas ganan y Estados Unidos pierde, pero el objetivo nuestro, el objetivo republicano, es ganar en Irak".
Pero las encuestas a esta altura son categóricas, muestran que el 59% de los estadounidenses, según la CNN, está en desacuerdo con la conducción de Bush, discrepa con la ocupación de Irak y los métodos de engaño que se utilizaron para impulsar la invasión, ve que siguen los problemas en Afganistán y no desaparecen las tensas situaciones con Irán y Corea del Norte y en lo interno no se concretó, pese a contar con la mayoría absoluta en el Congreso, una ley de inmigración.
Otro sondeo de la "Agenda Pública", una organización no gubernamental, creada por el ex secretario de Estado, Cyrus Vance, en 1975, la que junto a la revista "Foreign Affairs", acaba de lanzar el dato de que ocho de cada 10 personas, en el entorno al 83%, están preocupadas seriamente como consecuencia de la relación de los Estados Unidos con el mundo, de los cuales un 58% sostiene que se va por el camino equivocado y un 64% piensa que la democracia no se puede imponer en ningún país y por ende ni pensarlo en Irak.
Y sin medir con justeza sus términos, los propios presidente Bush y el vice Dick Cheney originan la reacción negativa del electorado. George W. manejando en estos últimos días, como argumento en contra, junto al "caballito de batalla de Irak", que los "demócratas son menos temerosos de Dios, defienden el aborto y la investigación con las células madre", cuando altos porcentajes de americanos son firmes partidarios de la libertad religiosa, de legalizar el aborto y de investigar con ciertos límites las células madre. A su vez Cheney, uno de los halcones más duros de la Casa Blanca, acaba de levantar una oleada de resistencia del estadounidense medio y moderado cuando justificó "que sumergir a detenidos en el agua durante interrogatorios era una opción obvia".
Si el martes juega el descontento de la gente, los demócratas serán una aplanadora y lograrán las mayorías en el Congreso; si predomina el viejo concepto de que se vota al candidato local y no pesa la situación nacional, los republicanos podrían mantener su preeminencia en el Senado.
Crítica
La opinión pública se manifiesta en contra de la conducción de la política exterior