El ilusorio ayer

RUBEN LOZA AGUERREBERE

Uno de los libros clásicos de la novela hispanoamericana, "Doña Bárbara", obra maestra de Rómulo Gallegos, tiene, como toda obra grande y poderosa, una raíz verdadera. Su vigencia persiste y su vitalidad se mantiene, porque, co-mo diría Borges, más vale ser el fabulador que el héroe. O sea: es mejor ser Homero que Ulises.

Nacido en 1884, fallecido en 1968, Gallegos realizó una obra vasta. Pero en ella sobresale de manera extraordinaria aquella novela, pues el escritor no alcanzó luego estatura de semejante libro. Como tampoco lo hizo, famosamente, Ciro Alegría, quien lo confesaba con tristeza en sus memorias, que nunca había logrado superar su primer libro, "El mundo es ancho y ajeno".

Volviendo a Rómulo Gallegos, digamos que murió en 1968. ¿Cuál es la historia que hay detrás de esta obra nuestra de nuestras letras? Debemos retroceder a la distante Semana Santa de 1927, cuando el joven Rómulo Gallegos hizo su primer viaje al llano, concretamente a San Fernando de Apure, un lugar de inmensas planicies por donde trotaban cien mil caballos. Aquel espectáculo le produjo poderoso impacto. Y, precisamente, estando en aquella zona que tanto le impresionaba, le llegaron los primeros rumores, los primeros cuentos, sobre una mujer llamada Francisca Vázquez, a quienes todos conocían como "Doña Pancha". Decían que ella era capaz de competir con cualquier hombre en aquella agreste geografía en el trabajo con la hacienda brava. Y así fue como comenzó a gestarse en su imaginación, "Doña Bárbara".

Durante los ocho días que permaneció en la región, Rómulo Gallegos buscó guías voluntarios para recorrerla; logró entrevistarse con diversas personas conocedoras de las tareas del hato, y, paralelamente, fue descubriendo los pleitos, las aventuras, las supersticiones e incluso las hazañas del coraje de los llaneros. Finalmente, con todo ese bagaje retornó a Caracas.

Poco después, Rómulo Gallegos marchó a Bologna; acompañó a su mujer, enferma. Fue en Italia donde se le ocurrió el título de su libro: "Doña Bárbara". Y tres meses tardó en escribirlo, en dar forma a esa obra que muestra a una mujer que ha entrado, desde hace tiempo, en la mejor historia de las letras de nuestra lengua y que sobrevive a su creador. Doña Bárbara y doña Pancha, en consecuencia, entretejieron, entre verdad y ficción, sus vidas.

Debemos señalar que el escritor Rómulo Gallegos nunca vio a doña Pancha. Quienes la conocieron le dijeron que la recordaban como una mujer baja, regordeta y fea; una mujer que solía vestirse con ropas masculinas, con desaliño, salvo cuando iba a San Fernando y se convertía en una dama casi elegante. Muerta hacia 1920, se decía que era una mujer ignorante y, por cierto, muy diferente a la mujer que prefería la leyenda de aquel mundo de desolación y cielo.

Pero esta mujer singular, más la fantasía novelesca de Gallegos, dieron sustento en una vigorosa novela. A un libro que pasó de la imprenta directamente al aplauso. Rómulo Gallegos diría, andando el tiempo, que no sabía cuánto de su novela era imaginario y cuánto lo debía a las historias verdaderas recogidas en los llanos.

Lo cierto es que "Doña Bárbara" está a salvo del olvido porque cumple, y volvemos a citar a Borges, una de las misiones más altas del arte, la de legar un ilusorio ayer a la memoria de los hombres.

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