Tres atentados contra iraquíes que realizaban sus compras para las fiestas religiosas, con un saldo de siete muertos y casi 50 heridos, marcaron el final del Ramadán más sangriento en Irak desde la invasión estadounidense en 2003, mientras Washington sopesa un cambio en su estrategia.
El Ramadán llegará a su fin en las próximas horas con la fiesta del Aid al Fitr -su fecha precisa es una de las muchas cosas que dividen a los sunitas iraquíes y a la mayoría chiita-, después de un mes de carnicería feroz, incluso para un país sacudido por la violencia como Irak.
Cientos de iraquíes fueron asesinados en ataques sectarios de ambos bandos, mientras las pérdidas entre las fuerzas estadounidenses durante el mes de octubre casi se acercaron al balance total desde comienzos de 2006.
El domingo se renovaron los hechos violentos en Irak, con varias bombas en Bagdad que mataron al menos a siete personas e hirieron a casi medio centenar, entre ellas varios niños, según fuentes médicas.
Una de las bombas estalló en una pastelería del suburbio de mayoría chiita de Jadida, hiriendo a 20 personas que compraban dulces y pasteles para las próximas fiestas.
Más tarde, tres mujeres y dos hombres murieron y 20 personas resultaron heridas después de que un suicida detonará los explosivos que llevaba en la cintura frente a las tiendas de ropa de la avenida de Palestina, en el este de Bagdad, según fuentes hospitalarias y la policía.
Otra bomba explotó en un taxi colectivo cuando pasaba a través del abarrotado mercado de Chorja, según la policía en el lugar.
"Un pasajero dejó caer una bomba en la parte de atrás del taxi y salió. El coche avanzó 20 metros y explotó, matando al conductor y a otro pasajero e hiriendo a cinco transeúntes", explicó el mayor de policía Mohammed Ali.
Poco después, otra explosión golpeaba a un vehículo de la policía cercano, mientras los aterrorizados tenderos corrían para refugiarse. Un civil resultó herido mientras los oficiales, presas del pánico, disparaban a ciegas a los edificios colindantes.
Mientras tanto, las fuerzas de la coalición liderada por Estados Unidos llevaron a cabo un ataque aéreo al sur de la capital, matando a cinco insurgentes mediante un "ataque de precisión" con una bomba trampa en la carretera cercana a la localidad de Arab Jabur, informaron fuentes militares.
Los oficiales estadounidenses esperan que el final del mes sagrado de ayuno musulmán termine con el derramamiento de sangre, pero el caos de este Ramadán ha modificado los términos del debate en Washington, donde se habla ya de un cambio de estrategia.
El presidente estadounidense, George W. Bush, se reunió el sábado en Washington con sus comandantes militares para analizar la situación, en medio de rumores de que Estados Unidos está perdiendo la confianza en la capacidad o la voluntad del primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, de detener la violencia.
La Casa Blanca señaló que las conversaciones versaron sobre "la naturaleza del enemigo, los retos en Irak, los mejores medios para llevar a buen término la estrategia y los objetivos para tener éxito en la región y para la seguridad de los estadounidenses".
Según el diario New York Times, los mandos estadounidenses podrían imponer unos plazos a Maliki para controlar la violencia sectaria y colaborar en la seguridad, para no afrontar "penalizaciones" políticas.
"Hay una cosa que no haremos: no sacaremos a nuestras tropas del campo de batalla hasta que la misión esté completa", afirmó Bush en su alocución semanal en la radio, dos semanas antes de las elecciones legislativas.
Cuatro marines murieron el sábado en combate en la provincia occidental de Al Anbar, lo que eleva las bajas estadounidenses en octubre a 79, el peor balance mensual desde la batalla de Faluya en noviembre de 2004.
AFP