ALFONSO LESSA | ANALISIS POLITICO
La iniciativa de encarar una serie de reuniones con dirigentes políticos de la oposición que costó el cargo a Carlos Díaz, no fue del relevado comandante en jefe del Ejército sino del general Pedro Aguerre, según coinciden en afirmar fuentes militares y de gobierno.
Aguerre propuso la idea a Díaz quien la aceptó y lo invitó junto al general Miguel Dalmao a participar de la primera reunión con el ex presidente Julio Sanguinetti y el ex ministro de Defensa, Yamandú Fau. Luego seguirían otros encuentros con dirigentes blancos.
Fau -que recibió la invitación- y Sanguinetti, según fuentes cercanas al ex presidente, creían que la ministra Azucena Berrutti estaba en conocimiento del encuentro.
Esto sin embargo no ha impedido que desde el gobierno se estime que la reunión y su divulgación por parte de uno de los participantes, formaron parte de una operación política. Tal interpretación es negada por Sanguinetti, en cuyo entorno se asegura que el presidente Vázquez "sobreactúa".
Desde que se conocieron los hechos a través de una información de portada de Búsqueda, las especulaciones en medios políticos y militares han abundado, en particular por el hecho de que los tres militares involucrados eran de confianza del presidente. El general Pedro Aguerre es hijo de un militar frentista preso durante la dictadura junto a Seregni, y Miguel Dalmao es el primer general ascendido por Vázquez.
Aguerre, sin embargo, ya ha tenido un par de desencuentros con las autoridades del Ministerio de Defensa. El más importante de ellos, por la decisión de invitar, poco tiempo atrás, a políticos a discutir en el Calen, al mismo tiempo que se procesaban en otros ámbitos de manera oficial las discusiones sobre el futuro de la Defensa Nacional. En el oficialismo hay quienes consideran que lo perjudica la "búsqueda de protagonismo".
De todas maneras, Díaz, Dalmao y Aguerre tienen más cosas en común que el uniforme del Ejército y el grado de general: los tres son masones.
"INEVITABLE". En medios militares la figura de Díaz es controvertida, pero el relevo es considerado como una consecuencia "inevitable" de lo ocurrido, aunque se cuestiona la forma en que procedió el presidente, al no haber transmitido personalmente al comandante en jefe su relevo. Algunos militares consultados admitieron, en una postura coincidente con la de Jorge Batlle, que el presidente no tenía alternativa, porque si no relevaba a Díaz, en el futuro "le pasarían por arriba". Quienes justifican la decisión del presidente, explican que no existe ninguna sanción intermedia a un comandante en jefe, que no melle su autoridad en el propio Ejército.
DESAFIO. Cuando la izquierda llegó al gobierno sabía que tendría que asumir, entre otros desafíos, el de administrar dos realidades difíciles de conciliar: la conducción de unas Fuerzas Armadas que durante un buen tiempo la consideraban su enemiga, y la de cumplir sus compromisos en materia de investigación de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura.
Díaz no es el primer comandante en jefe relevado desde el restablecimiento democrático, pero le tocó actuar en un período crítico para los militares, justo cuando fueron extraditados a Chile tres oficiales acusados por el caso Berríos y cuando, por primera vez, fueron procesados por violaciones a los derechos humanos varios militares y ex policías.
Díaz quedó en medio de la pugna entre quienes rechazaban cualquier revisionismo y quienes van por más. Y en sus ocho meses de gestión sufrió el desgaste provocado por asuntos como la fuga de Gilberto Vázquez o los desencuentros con Gonzalo Fernández sobre el destino de los uruguayos trasladados en el segundo vuelo, entre otros hechos. De todas formas, en el gobierno se asegura de manera contundente que el relevo del jefe del Ejército se debió pura y exclusivamente a la reunión con Sanguinetti y Fau.
LEALTAD. "La lealtad no paga", dijo Carlos Díaz a la prensa luego de ser relevado, haciendo alusión a un principio básico entre los militares. La expresión generó dudas en la medida que estaba sometido a intereses a veces contradictorios. ¿A qué se refería exactamente? ¿A la lealtad con el presidente de la República o a la lealtad con camaradas de armas que lo venían cuestionando de forma creciente, en particular aquellos más comprometidos con la dictadura?
"Yo me reúno con quien quiero", fue otra de las afirmaciones del teniente general, una expresión que puede ser comprensible desde el punto de vista estrictamente personal, pero no en el ejercicio de la comandancia en jefe del Ejército. Entre militares activos y retirados que ocuparon altos cargos existe reticencia a creer que Díaz no supiera a lo que se exponía.
No se trataba de una reunión común y corriente ni de un encuentro de los tantos que informalmente se presentan.
El senador Sanguinetti fue dos veces presidente, fue el arquitecto de la transición y es un hombre que conoce como pocos la interna militar, en la que sigue teniendo influencia. En el encuentro, Díaz expresó su confianza en la palabra de Vázquez respecto a los límites del revisionismo. Sus interlocutores colorados, sin embargo, le comentaron que existían señales contradictorias, como la insistencia en nombrar a Mirtha Guianze como Fiscal de Corte.