Larga vida al (pilsen) rock and roll

MAURICIO RODRÍGUEZ

La nueva edición del Pilsen Rock ya se está acomodando en el imaginario colectivo de miles de jóvenes. El evento fue una fiesta, en todos los sentidos, y resultó una confirmación a varias puntas. Los organizadores, las bandas participantes y la legión de jóvenes que se amontonó alrededor de los escenarios, fueron las tres patas sobre las que se apoyó su éxito.

La organización hizo un trabajo redondo, manejando incluso las incertidumbres que se generaron por los altibajos climáticos. No hubo espacio para el azar y a tal punto se comprometió hasta el último detalle con el evento, que varios de ellos reconocieron que ya en enero pasado estaban cruzando llamadas telefónicas para poner a andar la compleja maquinaria del Pilsen Rock.

A su vez, las bandas que se rotaron en escena confirmaron no solo el alto grado de profesionalización que han alcanzado sino que varios de ellas pudieron reunir y gozar del cuantioso número de seguidores que tienen. Muchos de estos aún no habían nacido cuando varios de los artistas que ahora aplauden ya transpiraban remeras mientras tocaban su propia música.

Por último, los jóvenes, los grandes y verdaderos protagonistas de este encuentro devenido Woodstock criollo, tiñeron de alegría, frescura y colores a un festival que va camino a transformarse en un referente regional. El fenómeno tiene (como toda ebullición generada en las entrañas de una sociedad) algunas causas inexplicables, pero lo cierto es que cada vez son más los que emprenden el peregrinaje anual hacia Durazno, incluyendo a cientos de extranjeros. Más allá de esto, debe anotarse la madurez que mostraron los muchachos y muchachas, que obligó a los infaltables guardianes de la buena conducta a morder el polvo de la derrota. No hubo saqueos, caos o vandalismo ni heridos o muertos que lamentar. Una enseñanza de la que se debe tomar nota. Que se repita, como diría alguna vieja divina.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar