BRASILIA | AFP Y THE NEW YORK TIMES
Blindado por un apoyo popular que lo ha hecho casi inmune a los escándalos, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva se encamina a su reelección en los comicios de éste domingo. Pero como las dos caras de una moneda, su Partido de los Trabajadores (PT), cuya reputación de partido "ético" fue severamente dañada, se dirige hacia una derrota que hará muy difícil la segunda gestión de su líder, que quedaría debilitado y sin mayoría parlamentaria.
"El es el primer presidente con alma de pueblo, que se parece a nosotros", dice una y otra vez el slogan de campaña de Lula. Y surte efecto. Tanto, que los escándalos que desde junio de 2005 han salpicado al PT y al gobierno, sumado al reciente sacudón que significó la detención de dos miembros del partido intentando comprar documentación que incrimine a dirigentes rivales, no le ha hecho mella según las encuestas (ver nota aparte).
Ese argumento tiene eco en el electorado. Los sondeos culpan al Congreso, al PT y al gobierno por los escándalos de corrupción, pero no al mandatario. "Lula no es un presidente convencional, y cuenta con un grado de identificación con el sector menos instruido de la población que es como un salvoconducto que le permite hacer lo que quiere", destacó Rubens Figueiredo, catedrático universitario y consultor en opinión pública. "El está absuelto de antemano", remató.
Aún así, el Tribunal Superior Electoral (TSE) le dio ayer a Lula un plazo de diez días para presentar su defensa en una causa que pide la anulación de su candidatura, solicitada por la oposición. Esto, empero, no afectará el proceso electoral.
ESCANDALOS. Lula ha dado distintos argumentos para desentenderse de la corrupción desde que ella ha estado asociada a su gestión.
El primero escándalo saltó en junio de 2005 y dio a conocer el término "mensalao", referido al pago a diputados de sumas en varios miles de dólares para que apoyaran los proyectos de gobierno. El jefe de gabinete, José Dirceu, y el entonces presidente del PT, José Genoino, pierden sus cargos por el caso. Ocurrió lo mismo con el legislador que dio a conocer el caso, Roberto Jefferson. Lula no se vio sacudido.
Paralelamente, se conoció que el PT manejó una "caja dos" con la que financió la campaña electoral que lo llevó a la victoria en 2002. El manejo de esos fondos provocó la dimisión a principios de este año del ministro de Hacienda, Antonio Palocci, presuntamente implicado. La cúpula del PT quedó descabezada, las normas electorales fueron modificadas (este año estuvieron prohibidos los actos con artistas populares), pero Lula, nuevamente, salió indemne.
Cuando Lula llegaba tranquilamente al último tramo de la campaña electoral, el 15 de septiembre, dos personas vinculadas al PT fueron detenidas con el equivalente a 800 mil dólares, presuntamente destinadas a comprar informaciónes perjudiciales sobre su rival para la Presidencia Geraldo Alckmin y el candidato a gobernador de San Pablo, José Serra, ambos del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB). Otra vez rodó la cabeza de un presidente del PT, Ricardo Berzoini. Otra vez Lula, que se dijo "traicionado", salió ileso ante la opinión pública.
Según el analista Ricardo Guedes, "la compra del dossier tuvo poco impacto en relación a la estabilidad de la moneda, los programas sociales -44 millones de pobres han sido beneficiados con U$S 13.000 millones en estos cuatro años-, el aumento del sueldo por encima de la inflación y la propia popularidad de Lula", dijo, enumerando las causas del "blindaje popular" del presidente.
Encuesta
La última encuesta de CTI/Sensus divulgada ayer arrojó que, aunque Geraldo Alckmin creció casi ocho puntos porcentuales respecto al mes pasado, Luiz Inacio Lula da Silva obtendría un cómodo triunfo el próximo 1° de octubre que evitaría un balotaje.
Lula tiene un 51,1% de la intención de voto; pero si sólo se contabilizan los sufragios válidos -como ocurre en las elecciones- alcanza un holgado 59%.
Alckmin tiene una intención de voto de 27,5% y -contabilizando sólo votos válidos- llegaría al 31,8%.
Heloísa Helena conseguiría el 6,6% de los votos válidos.
Popular líder de partido en crisis
BRASILIA - Las encuestas siguen augurando un triunfo del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en primera vuelta; pero su Partido de las Trabajadores (PT), se encamina paralelamente a ser el gran derrotado en los comicios.
El próximo domingo también se elegirán los gobernadores de cada estado, y los tres principales del país -San Pablo, Minas Gerais y Río de Janeiro- quedarán en manos de los principales partidos de la oposición, el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB).
Estos tres estados representan un tercio de la población y suman más de la mitad del PIB nacional (de U$S 913.000 millones). Hoy el PT sólo gobierna los empobrecidos estados de Acre, Piauí y Sergipe, además del distrito federal.
Analistas y encuestadores estiman que el PT interrumpirá el crecimiento que duplicó su presencia en el Congreso entre 1994 y 2002; se proyecta que el domingo obtendrá unos 80 de los 513 diputados de la Cámara (91 en 2002), llegará a 10 de los 81 senadores (13 en 2002) y dos de los 27 gobernadores del país (tres en 2002).
Otrora referencia de la izquierda en América Latina, el PT sufrió una purga a poco de asumir Lula el poder echando de sus filas los elementos más radicales. Su bandera histórica contra la corrupción también quedó sentida tras los escándalos sucesivos.
La coalición gubernamental (el PT y aliados) pasaría de 247 parlamentarios a 194. Para aprobar un proyecto, Lula necesita la mayoría absoluta en diputados, 257. Esto refleja las dificultades que afrontará el presidente en un nuevo período de gobierno. AP Y AFP