Fe, violencia y razón

JUAN ORIBE STEMMER

Las modernas comunicaciones han conducido a la integración de una verdadera platea global, donde la misma imagen es proyectada en todo el globo casi simultáneamente. Ha-ce poco el mundo pudo contemplar, desde el sillón del living, cómo los Estados Unidos invadían Irak. En vivo y en directo. Esas características de inmediatez y de simultaneidad pueden ser peligrosas porque, primero, generan la ilusión de que hemos sido testigos directos de lo que sucedió; segundo, excluyen el análisis mesurado y meditado de las causas. Que miles de millones de personas contemplen la misma imagen no supone que comprendan mejor las causas de lo que están viendo, o que se lleven mejor entre ellas.

Apenas entrevemos el "qué sucedió" y no tenemos tiempo para meditar sobre el "por qué sucedió".

La disertación del Papa Benedicto XVI en la Universidad de Regensburgo pasó a segundo plano en el rango de las noticias. Lamentablemente, la tiranía de las imágenes y los "soundbites", generadas por ese episodio, en un entorno tan apacible, no pueden competir con el espectáculo de los muertos causados por el atentado más reciente en Irak. Un grupo de vecinos en un barrio pobre de la ciudad de Sadr, próxima a Bagdad, hacían cola para comprar el queroseno que utilizan para cocinar su comida. De pronto, una bomba hace explotar el camión cisterna y los envuelve en llamas. Más de 37 muertos, la mayoría amas de casa. ¿La causa? Una venganza de un grupo extremista islámico sunnita contra los escuadrones de la muerte de los islámicos chiitas, conocidos co-mo el Ejército Mahdi. Gradualmente Irak se ha transformado en un campo de batalla "no convencional" con un promedio de cien muertes diarias, la mayoría en su capital Bagdad, donde conviven sunnitas y chiitas.

Sin embargo, deberíamos pensarlo mejor, antes de sostener que esa violencia es inherente al Islam. Es cierto que la expansión del Islam, tanto en Europa como en Asia y Africa, fue acompañada por guerras, esclavitud y saqueos. Pero recordemos la cosecha de muertes y sufrimiento causada por las Guerras de la Religión europeas o la conquista americana. Hasta hace poco, aunque en una escala más pequeña, grupos extremistas Católicos y Protes-tantes, se dedicaron a matarse los unos a los otros, y a civiles inocentes, en Irlanda del Norte. En La Haya están siendo juzga- das personas involucradas en las masacres Bosnia, donde la violencia tuvo un elemento de conflicto entre cristianos católicos y ortodoxos.

La intolerancia y su hermana gemela, la violencia, no pertenecen únicamente a las confrontaciones religiosas.

La Alemania nacionalsocialista, uno de los países europeos más avanzados, tanto en lo cultural como en lo económico, se embarcó en una sistemática campaña de exterminio de razas consideradas como inferiores, incluyendo millones de judíos, polacos, rusos, gitanos y opositores políticos. La Unión Soviética, a su vez, se fundó en el exterminio sistemático de opositores políticos y personas pertenecientes a determinadas clases sociales o naciones sospechosas.

La conferencia de Benedicto XVI intentó iniciar un intercambio de ideas sobre como enfrentar esos ejemplos de lo que tan acertadamente llamó "preocupantes patologías de la religión y la razón" de nuestra época. Es una pena que su mensaje se pierda en medio de la niebla de los noticieros.

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