GUSTAVO PENADES
El Presidente dio luz verde a los legisladores oficialistas para ratificar el tratado que convierte en realidad el Parlamento del Mercosur.
El gobierno, pese a los reclamos de la oposición, persevera en su idea de profundizar un Mercosur más político que económico.
Esto podría discutirse en una realidad muy diferente a la actual, en la que los países respetaran lo hasta ahora acordado y las asimetrías políticas no fueran insalvables. Para ejemplificar el caos imperante, basta mencionar el ya emblemático caso de las exportaciones de bicicletas a Argentina, que todos los años nos trae problemas o el del arroz camino a Brasil, que es frenado en la frontera año tras año. El Mercosur no funciona con propiedad, ni siquiera como una Zona de Libre Comercio.
La Comunidad Europea antes de avanzar en planes tan ambiciosos como son una Constitución, un Parlamento o una moneda comunes, recorrió un largo camino de coordinación macroeconómica y respeto de los acuerdos alcanzados. El Mercosur en cambio no ha podido conseguir absolutamente nada, excepto un gran desvío comercial en las épocas buenas hacia los grandes socios del bloque, proceso que se vio revertido rápidamente luego de las sucesivas crisis económicas que han arrastrado tras sí nuestra economía. Esta nueva composición de nuestras exportaciones en que prácticamente podemos hablar de 4 cuartos entre Mercosur, CE, Estados Unidos y resto del mundo, es mucho más sana.
Recientemente, el país ha sufrido un bloqueo en plena temporada turística por uno de los socios mayoritarios, bajo la mirada distraída del Brasil. Estos piquetes internacionales violaron el Tratado de Asunción en lo referente a libre circulación de bienes y personas y amenazan con repetirse sin que los presidentes de los países socios se pronunciaran inequívocamente contra estos acontecimientos.
Hasta ahora las decisiones en el Mercosur, a veces respetadas y a veces no, se toman por consenso, lo que le da a Uruguay, país pequeño, un gran poder de negociación al menos en lo formal. Con la llegada del Parlamento conformado con representantes de cada Estado, de más está decir que no será posible alcanzar ningún consenso, las mayorías operarán naturalmente y el poder del país se irá diluyendo. Esto en la hipótesis de que el Parlamento del Mercosur pudiera servir efectivamente para algo; sin dejar de lado un aspecto no menor como su incompatibilidad con nuestra Constitución, y leyes electorales.
El Mercosur está en crisis, lo ha repetido el Presidente de la República, lo ha dicho el ministro Astori en Brasil la semana pasada, y toda la economía nacional lo viene sufriendo desde enero de 1999 cuando Brasil rompió con el Plan Real. El gobierno intenta alcanzar el TLC con los Estados Unidos para formalizar lo que hoy es una realidad y es que nuestro principal socio comercial ya no es el bloque del sur.
Aprobar una iniciativa tan importante como la del Parlamento del Mercosur en estas circunstancias nos recuerda a lo de algunos matrimonios en crisis, que se preguntan si separarse o tener otro hijo. Los daños para el futuro serán mayores y convalidarán la situación actual.
Se asumirá que Uruguay no debe estar tan disconforme, porque de estarlo no votaría una institución que comprometerá el futuro de nuestra economía y su inserción internacional.