La Carta Democrática

Se cumplieron cinco años desde que, en una Asamblea General Extraordinaria que se desarrollara en Lima, fuera aprobada la "Carta Democrática de la O.E.A." configurando un aniversario que no puede pasar desapercibido. Y no sólo por el momento en que naciera, por los antecedentes que recoge o por las líneas que abriera, sino, además, por la garantía que significa para el futuro del Continente y de sus pueblos.

Fue una coincidencia sugestiva que se estuviera firmando el martes 11 de setiembre de 2001, prácticamente en el mismo momento en que un primer avión se estrellaba contra la Torre Norte del World Trade Center de Nueva York, consumando de esa manera uno de los ataques suicidas más censurables de que se tenga memoria , obligando a reconocer el terrorismo como el mayor flagelo de un siglo que recién empezaba a transcurrir. Ese hecho objetivo impuso la obligación de adoptar todos los mecanismos para enfrentarlo, debiendo considerarse simbólico que los viejos valores de la democracia, nacida en los albores de la civilización, se reivindicaran, veinte siglos más tarde, como otro de los instrumentos insustituibles para defender una misma civilización.

La O.E.A. registraba una sólida doctrina en favor de la democracia, expresada ya en su Carta Constitutiva, que se fueron desarrollando a través de sucesivos instrumentos y que registraron, precisamente con el que hoy se recuerda, otra etapa más de esa permanente evolución. Ya en el Pacto de Bogotá de 1948 se establece que "el sentido genuino de la solidaridad americana y de la buena vecindad no puede ser otro que el de consolidar en este Continente, dentro del marco de las instituciones democráticas, un régimen de libertad individual y de justicia social "agregando que la solidaridad requiere una organización política estructurada "sobre la base del ejercicio efectivo de la democracia representativa". Lo reafirma en la Convención Americana sobre Derechos Humanos de 1969; en el Compromiso de Santiago de 1991 y en el Protocolo de Washington de 1992, encontrando en el instrumento de 2001 una estructura más precisa junto a una serie de mecanismos para llevarla a la práctica. De todos esos antecedentes fueron surgiendo, a nivel regional, declaraciones como la de Las Leñas, (Argentina) de junio de 1992, donde se ratificó que la plena vigencia de las instituciones democráticas es un supuesto indispensable para la existencia y el desarrollo del Mercosur; la de Potrero de Funes, de 1996, que habilita a suspender el derecho a participar en las reuniones a los países que la desconozcan; la de Asunción, de 1997 y el Protocolo de Ushuaia que rige entre los miembros del Mercosur donde se reafirma "la plena vigencia de las instituciones democráticas como condición esencial para el desarrollo de los procesos de integración". Los hechos, por su parte, han venido justificando los términos de una Carta en la cual se sostiene que la ruptura del orden democrático será "un obstáculo insuperable" para participar en los órganos de la O.E.A., imponiéndole la obligación de desarrollar programas y actividades dirigidas a promover sus principios y sus prácticas además de fortalecer esa cultura política en el Hemisferio.

Al margen de ello, hay que reconocer que en estos últimos tiempos se ha observado un raro fenómeno político de acuerdo al cual, utilizando sus ropajes y torciendo sus instrumentos, algunas democracias están siendo atacadas desde adentro mismo, debilitando sus alcances, limitando sus efectos y torciendo sus posibilidades, engendrando esa espuria caricatura de las democracias autoritarias, cuando no totalitarias. Jean Francois Revel se preocupaba en 1981, sobre cómo terminan las democracias.

Hoy deberíamos preocuparnos sobre cómo se defienden las democracias ante los ataques que les están dirigiendo quienes se amparan en ellas. La Carta proporciona más de una posibilidad en ese sentido, por lo que se justifica recordarla destacando también las oportunas palabras con que lo hiciera el Secretario General de la O.E.A. en una sesión especial del Consejo Permanente convocado a esos efectos .

El desafío está abierto.

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