Se fue sin decir adiós

| Una vez dejó el fútbol para ser veterinario, hoy monta un grupo empresarial: "No todo es vender jugadores desesperadamente, para hacer plata y plata"

JORGE SAVIA

Nació el 3 de enero del 71 en Pernas y Agaces, creció en el barrio Fénix, cerca de Los Céspedes, en Manga y, aunque no lo proclame, hoy -como consecuencia de una trayectoria destacada, ya que fue campeón con todos los equipos en los que jugó (Nacional en 2002 y 2003, la selección en la Copa América 95, Vicenza en la Copa de Italia y el Torino en la Serie "B" del "calcio" italiano, y el fruto de una vida ordenada- vive en un piso en la rambla, frente a Che Montevideo, tiene casa en Punta del Este, anda en 4 x 4 y junto a otros amigos como Paolo Montero, Fernando Silvera, Ricardo Canals y el "Tío" Carlos Sánchez, está montando un grupo empresarial en el que, como advierte, "Paolo todavía no trabaja efectivamente, porque hasta que no deje el fútbol no quiere que se mezclen los tantos: una cosa es ser jugador y otra empresario".

Sin embargo, no es ese cúmulo de aspectos el que compone la faceta más destacable de la actualidad de Gustavo Méndez, como tampoco lo es la anécdota de que antes de ir a probarse a Nacional a los 16 años, "había dejado el fútbol a los 13, porque quería dedicarme a los estudios: pensaba ser veterinario". El tema es que el 4 de diciembre pasado jugó contra Defensor por el Torneo Apertura de 2005 y, aunque ni él mismo lo sabía, ese sería su último partido: después, se retiró en silencio; se fue sin decir adiós, sin saludar ni decir nada.

-¿Tenías idea que ese partido era el último cuando lo jugaste?

-Sinceramente, no me pasaba por la cabeza dejar; pero se dio una situación que ya venía de años atrás, de problemas con Eduardo Ache, y bueno... cuando terminó el campeonato decidí que ya no valía más la pena estar en Nacional. Por lo menos sabía que en Nacional no iba a estar más. Eran cosas puntuales por las que, si seguía, no me iba a hacer bien a mí, no le iba a hacer bien al club, sobre todo, y decidí que lo mejor era apartarme.

-El problema no pasaba sólo por la deuda del club contigo.

-No. Todos trabajamos por dinero, yo no conozco a un solo jugador que haya jugado gratis. Hay muchos a los que les gusta vender humo, decir que vienen gratis y es mentira. Pero el jugador tampoco piensa solo en el dinero. Mi alegría más grande, por ejemplo, fue salir campeón de América con la selección y uruguayo con Nacional. Volví a en 2002, sabía que no estaba en una buena situación económica, nunca hice problemas, si terminaba el año y me quedaban debiendo plata yo no tenía inconveniente en refinanciar, de repente dejaba mi salario mensual para cobrarlo más adelante así el club podía hacer alguna otra cosa con esa plata, pero a veces la gente confunde que uno tenga voluntad con ser bobo. Todo tiene un límite. Nosotros refinanciamos, refinanciamos, refinanciamos, pero cuando vimos que a muy poquitos les interesaba cómo se iba a arreglar la deuda de los jugadores, dijimos "esto no va más". Porque, además, otro tema era que nos pedían refinanciación a los jugadores que estábamos en el club, nos pedían bajar los ingresos mensuales, pero se hacían una pila de contrataciones a comienzos de temporada. Está bien, ¿eh?, porque todos los que vinieron dieron una mano muy grande, pero no todo pasa por ganar títulos. Sí, perfecto, es muy importante conseguir títulos y ganarle a Peñarol, como escucho que dicen algunos socios, pero dejar al club bien económicamente también es importante. A mí, por ejemplo, me cuesta creer, con la cantidad de negocios que hizo Nacional en estos últimos años, que esté en una situación económica difícil. Yo, si fuera socio de Nacional, lo primero que hubiera hecho hubiese sido llamar a una asamblea para investigar por qué Nacional tiene tantas dificultades. Para mí son cosas que no han sido muy claras y también me llevaron a alejarme.

-¿Y cómo surgió lo de ser empresario?

-Cuando dejé, no sabía para dónde iba a agarrar. Yo había empezado con el curso de entrenadores que no pude terminar, después hice un curso de marketing y partrocinio deportivo que dio Enrique Bello y me pareció muy interesante, y... bueno, hacía muchos años que con Ricardo (Canals) y Paolo (Montero) veníamos hablando de hacer algo dentro del fútbol, a su vez Paolo hablaba mucho con Fernando Silvera y con el "Tío" Sánchez, lo conversábamos todos cuando nos encontrábamos en algún asado, y... bueno, Canals hacía tiempo que había dejado, Silvera estaba dentro del fútbol, el "Tío" en ese momento no tenía nada, yo dejé en 2005 y Paolo estaba en San Lorenzo y no sabía si iba a seguir, así que este año decidimos que era el momento de empezar y estamos en las primeras 40 o 50 reuniones que venimos realizando.

-Hay una competencia bárbara

-Nosotros apuntamos no solo a lo económico, también a la parte personal, a la formación del jugador. Acá la materia prima está, pero hay que darle otras armas; que tengan otras herramientas para defenderse, por ejemplo, en el extranjero. Hay muchachos a los que les sale un pase y no es que fracasen futbolísticamente, sino que no están preparados para la forma de vida que hay en otros países, y no se adaptan.

"Yo, socio de Nacional, pediría una asamblea..."

"El técnico que habla mucho no confía en lo que hace"

-¿El mejor técnico que tuviste?

-Fue con el que tuve más problemas personales: Francesco Guidolin, un italiano del Vicenza. Fue el que me hizo pasar la vergüenza más grande de mi carrera.

-¿Por qué?

-Yo llegué en 1995 y todos nos veían a mí y a Marcelo Otero como jugadores de primer nivel, pero al segundo trabajo táctico yo pifiaba por todos lados, porque ellos estaban acostumbrados a jugar tácticamente de determinada manera, y nosotros, al menos es lo que pienso yo, nos hemos quedado en el tiempo, estamos muy atrasados. Guidolin se me arrimó y me dice: "Disculpá, Gustavo, en Uruguay, ¿cómo juegan tácticamente?" Yo le contesté: "Se juega 4-3-3", y él me dijo: "Sí, sí, pero eso es cómo se para el equipo en el campo, pero... ¿cómo se mueve si el equipo rival viene por este lado...?" No sabía lo que iba a contestarle. Ahí me di cuenta de lo lejos que estábamos, el hombre también y me empezó a trabajar, hasta que agarré el sistema y jugar en ese equipo era un lujo; al Vicenza era dificilísimo ganarle.

-¿Y por qué los encontronazos?

-Porque vos llegás a Italia y ellos son los mejores y a mí me chocaba que me dijeran algo sobre mi país, sobre la selección, y como el técnico se metía en las conversaciones, estábamos siempre discutiendo, al punto que un día tuvimos una agarrada en el vestuario, casi nos vamos a las manos y me separó del plantel una semana.

-¿Y acá, en el Uruguay?

-Hugo De León, por lejos, fue el mejor. También Ostolaza: es de los pocos a los que los dirigentesno le hacen el cuadro. Al jugador hay que darle conceptos claros. El técnico que habla y explica mucho es porque no tiene confianza en lo que hace. Y otro entrenador que hace jugar muy bien al fútbol es Carreño, un técnico bárbaro.

ENCONTRONAZOS

"Paolo me iba a partir..."

-¿La amistad con Paolo cómo y dónde arranca?

-En las inferiores nos conocíamos de rivales. Llegaban los clásicos y yo sabía que él me iba a pegar a mí y él sabía que yo le iba a pegar a él. Estaba seguro de que Paolo me iba a partir si yo me regalaba porque cada pelota dividida era una batalla. No sé por qué, pero en todos los clásicos siempre teníamos algún encontronazo. Después tuvimos la oportunidad de conocernos en la selección y al principio era increíble: ¡nos veíamos y no nos saludábamos! Entrábamos al vestuario, "hola, ¿qué tal?" y nada más. Con el paso del tiempo los dos nos dimos cuenta de que era una macana.

-¿Y eso cuándo fue?

-En la selección del 95, con Héctor Núñez. Ahí empezamos a hacer una buena amistad, él tuvo rotura de ligamentos en un amistoso contra Chile en el Tróccoli, yo fui a ver cómo estaba y ahí nos hicimos realmente amigos. Después, cuando yo llegué a Italia, una de las primeras llamadas que recibí, no me lo esperaba, sinceramente, fue la de Paolo. Tanto él como la mamá y el papá me llamaron poniéndose a las órdenes, poniéndose a las órdenes; son todos excelentes personas. Y lo mismo me pasó con Ricardo (Canals): nos conocimos en Nacional, nos hicimos muy buenos amigos y después nos unimos aun más en Italia.

-¿Y cómo serán como empresarios?

-La idea nuestra es ir tranquilos, sin la desesperación de querer vender y vender jugadores, pensando sólo en hacer plata y plata, sino hacer algo que le dé beneficios a todos. Primero que nada al jugador, porque está claro que es el centro de todo; si no hay jugadores se termina el fútbol: puede haber dirigentes, contratistas, periodistas, pero sin jugadores, no hay fútbol.

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