Beirut - Miles de libaneses del sur hoy a Beirut para celebrar la victoria de la milicia chiíta Hezbolá frente a Israel y demostrar su enorme peso político, en un momento en que la ONU le pide que entregue las armas.
Centenares de autobuses, automóviles e interminables procesiones de personas a pie con banderas amarillas del Hezbolá se dirigían hacia los barrios de la periferia sur de Beirut, devastados por la ofensiva israelí de julio y agosto.
El Partido de Dios pretende reunir en una inmensa explanada a centenares de miles de personas llegadas de todo el Líbano, sobre todo del sur, donde el Hezbolá sigue teniendo un inmenso poder.
Esta multitud de libaneses confía en escuchar en directo al carismático y venerado líder de la milicia, Hassan Nasralá, que no aparece frente a sus adeptos desde el inicio de los enfrentamientos con Israel el 12 de julio.
Amenazado directamente por el Estado hebreo, el emblemático dirigente, de 46 años, vive escondido y sólo ha concedido algunas entrevistas a cadenas de televisión árabes. Su participación en esta fiesta será por ello una incógnita hasta el final.
Los altos mandos militares israelíes no quisieron hacer declaraciones sobre la actitud que tomarán si Nasralá, que ya salió ileso de un ataque aéreo israelí en julio, aparece finalmente en vivo y en directo en esta manifestación.
En cualquier caso, el discurso del dirigente, aunque sea grabado, marcará un antes y un después en este momento de post-conflicto en Líbano.
"Nasrala va a intentar, en su intervención, trazar una especie de calendario para la fase política que tenemos por delante, siempre reiterando algunos principios como la constancia de la resistencia y el mantenimiento de las armas", indicó el diario L´Orient Le Jour.
La milicia respeta el alto el fuego que entró en vigor el 14 de agosto pero se niega a entregar sus armas, como indica la resolución 1701 de la ONU, que fijó las bases de esta tregua y estipula que las únicas presencias armadas en el sur del Líbano deben ser el ejército libanés y las fuerzas de paz de la ONU.
Pero, mal equipado y poco respetado por sus compatriotas, el ejército libanés parece, a ojos de Hezbolá, incapaz de garantizar la seguridad del país, lo cual justifica, según la milicia, su presencia armada en la parte sur, cerca de la frontera con Israel.
La enorme popularidad de Nasralá constrasta con la caída en picada del apoyo ciudadano al primer ministro israelí, Ehud Olmert, en todos los sondeos. Sin embargo, el jefe de gobierno garantizó que si pudiera dar marcha atrás en el tiempo, volvería a ordenar la ofensiva en Líbano, una decisión que debilitó su gobierno, sólo cuatro meses después de ser elegido.
El Estado hebreo, que había garantizado que sus tropas saldrían del sur de Líbano una vez que los cascos azules de la ONU desplegados en la región llegaran a 5.000, sigue ocupando posiciones en la zona.
Los soldados israelíes penetraron en Líbano el 12 de julio, cuando comenzó la ofensiva contra Hezbolá tras el secuestro de dos de sus soldados por parte de la milicia chiíta.
El jueves, el ministro de Defensa libanés, Elias Murr, amenazó con recurrir al Consejo de Seguridad de la ONU si Israel no abandona el país antes del próximo viernes, día 29 de septiembre.
Según la ONU, tras la llegada de los contingentes español, francés e italiano en los últimos días, ya se ha alcanzado la cifra de 5.000 cascos azules en Líbano, con lo cual, la salida de las tropas israelíes parecía cuestión de horas.
Pese a esta inestabilidad, la Fuerza Interina de la ONU para Líbano (FINUL) sigue desplegándose al sur del país.
Un batallón español de casi 500 infantes de Marina y 76 legionarios llegados hace una semana a Líbano se prepara para relevar en los próximos días a los cascos azules indios en una región fronteriza con Israel, en el extremo sureste del país.
El viernes, dos patrullas reconocieron los puntos de observación de estos militares indios en los municipios de Kfar Kila y Taybe, dos localidades chiítas muy devastadas durante la ofensiva.
AFP