Enrique Beltran
Ese gran nacionalista que es Ricardo Rocha Imaz me recordó alguna página de su libro titulado. "Qué pasó en el setenta y tres". Leo en ella: "en el 3l de julio de 1963 cuando los tupamaros, iniciando sus acciones subversivas, asaltaron el Club de Tiro de Nueva Helvecia y robaron armamentos, hay que rastrear los antecedentes de la dictadura uruguaya".
Hacía apenas unos pocos meses que había asumido el nuevo gobierno nacionalista. A pesar de una oposición desmelenada, el país vivía en un Estado de Derecho, con la más amplia libertad en el ejercicio de todos los derechos. En el Consejo Nacional, que era el órgano ejecutivo, estaba representada la minoría mayor, con tres consejeros, por lo que la oposición se hallaba en el centro mismo de las decisiones del Ejecutivo. No está demás agregar, para los que no han vivido aquella época, que esa oposición, fue implacable, también en el propio seno del gobierno. Todo amparado y protegido por un régimen constitucional, que con los defectos que pudiese tener, gozaba del pleno acatamiento de los gobernantes y de sus fuerzas armadas.
El asalto al club de Tiro fue la primera manifestación de la acción armada contra las instituciones. Naturalmente que bastante antes de ese julio de l963 estaba ya la callada decisión de embestir contra ellas, de manera que ese robo de armas fue el primer paso de un proceso, gestado tiempo atrás. Se inscribía en el plan de insurrección continental bajo la batuta de la tiranía cubana, peón importante de la Rusia soviética en la guerra fría. Debe recordarse que este primer asalto se desarrolló, apenas un par de años después del episodio de los misiles soviéticos en Cuba, que puso al mundo en el umbral de una conflagración atómica. Bastante antes de aquel 3l de julio había empezado la elaboración de los planes, para dar por tierra con el régimen constitucional, y las libertades que consagra. Cuba era ejemplo y guía para esa agresión. Desde allí se les suministró armas, conexiones, aprendizaje, estrategia, recursos para hacer valer la embestida. No hay entonces duda alguna de donde partió la agresión contra nuestras libertades. Se inscribió en la guerra fría y en un cuadro continental, que con matices de diferencias, habría de tener un fondo común: la descarada presencia de la tiranía cubana, la violencia armada contra los gobiernos democráticos y contra sus libertades que fueron y siguen siéndolo aún, blanco predilecto de los regímenes y los sueños totalitarios. Aunque otras sean ahora sus tácticas.
No fue entonces un impulso espontáneo, una reacción violenta, contra un gobierno que abusara de su fuerza y de su poder. Fue una estrategia prolijamente elaborada, que allí asomaba en sus primeros pasos, para acometer, ya no contra un gobierno, sino contra la Democracia y contra el Estado de Derecho que lo consagraba. Salvo los iniciados, fueron bien pocos los que pensaron que aquel asalto era el principio de un duro trayecto de varios años de creciente violencia, de amenazas, muertes, robos, secuestros, torturas que condujeron a una dictadura que también pareció interminable. Fue acompañado simultáneamente por algunos otros sectores de izquierda, con gravísimos paros, ocupaciones, escraches, y siempre por una sostenida campaña de odio. Es la enfermedad que más víctimas ha provocado en el mundo, y es siempre antesala de la violencia en sus peores expresiones.
Bien nos recuerda Ricardo Rocha que Jaime Pérez que fue secretario general del Partido comunista, nos dice en su libro "El ocaso y la esperanza", "en l964, después de los golpes militares en Brasil y Bolivia y de la expulsión de Cuba en la OEA, decidimos que era necesario una estructura armada del Partido. Por el hecho de tener nuestra propia estructura militar y haberla difundido entre la militancia joven, logramos evitar que en ese período decenas de miles de jóvenes se incorporaran al M.L.N.".
La agresión no vino desde la democracia. Sino de quienes quisieron acabar con ella. Para el empeño tuvieron la inspiración y la ayuda de la tiranía más vieja del planeta.