Etica electoral

MARIA JULIO POU

En los últimos meses algunos integrantes del gobierno han estado especulando sobre la reelección presidencial -alguno incluso argumentando que ella convenía pues evitaba problemas a la interna frenteamplista- y ahora, como era previsible, se comienza a hablar de reformar la Constitución.

Al desconcierto que los integrantes del gobierno diariamente exhiben y trasmiten con sus órdenes y contraórdenes, marchas y contramarchas, se suma ahora este planteo electoral, con lo cual el desconcierto pasa a tener mucho de estupor y desencanto por lo que pudo haber sido y no va siendo -y menos haciendo- el gobierno electo.

En su momento, el actual subsecretario de la cartera de Economía, en un insólito y deplorable momento de franqueza, manifestó de forma clara, terminante y explícita lo que todo el país intuía -pero de lo cual no había expreso reconocimiento de parte: aquello que en su momento otras fuerzas políticas propusieron y era bueno para el país, ellos no lo apoyaron pues no estaban en el poder. Ahora, desdiciéndose y contradiciéndose, lo proponen. A eso refiere lo del título: ética electoral.

Si a esto sumamos algunas manifestaciones y reacciones del Presidente, por ejemplo con la prensa, con los integrantes del agro o con sus Ministros, llegamos a la conclusión que los integrantes del gobierno tienen algunas materias pendientes sobre democracia, instituciones, libertades y derechos y obligaciones, tanto de los ciudadanos como de sus representantes a término: ellos. Actúan como si fueran expertos en regímenes autoritarios, en demagogia y en utilizar todos los medios para alcanzar el poder... aunque luego no se sepa a ciencia cierta qué hacer con él, y menos, cómo hacerlo.

El país tiene problemas importantes a los que no se les da la atención necesaria y menos aun definiciones y decisiones para resolverlos. El Ministro de Economía, el mismo que en su momento respondiera con el "ni me callo ni me voy", ante estos planteos electorales manifiesta que es tiempo de gobernar y resolver la miríada de problemas que tenemos. Tiene razón. Pero no tiene eco.

Ello nos sucede por no haber exigido en el período electoral, como ciudadanía, un programa explícito a los candidatos. No hicimos los deberes y estamos pagando las consecuencias. En ese sentido transcribo dos párrafos que escribiera en esta misma columna luego de las elecciones primarias. Mantienen, desgraciadamente, vigencia.

"Terminada la elección primaria, y cuando resulta prematuro hacer un balance afinado sobre los resultados, sí podemos entrar en el análisis de algo que durante toda la campaña electoral nos preocupó y ocupó. Nos referimos a los grandes temas del país, cuyo tratamiento, salvo escasísimas excepciones, fue superficial o estuvo ausente en la mayoría de los discursos de los precandidatos. Lo cual, desgraciadamente, no implica que tengamos ausencia de problemas."

"Hacemos votos para que la campaña electoral que se inicia esté signada por las propuestas que digan qué se quiere hacer, por qué se quieren hacer, y cómo se piensan llevar a cabo. Las propuestas deberán contener por lo tanto definiciones, marcar objetivos, justificar y analizar el interés común para la comunidad, y también una idea de organigrama, cronograma y presupuesto de cómo ello se logrará, no en máximo detalle pero tampoco en olímpica ausencia."

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